martes, 31 de diciembre de 2013

Cuando se acaba el año o finaliza una etapa o se logran los objetivos planteados en un proyecto se suele hacer balance, o sea, se coteja todo aquello que ha ocurrido, analizando lo positivo y lo negativo, y al final casi de manera instintiva se suele ponderar de forma suave  y en clave de positivo.
 
 
 
Al filtrar los temas con el paso del tiempo, tratamos de mitigar los efectos negativos para evitar sentir la punzada dolorosa de aquello que ya nos dañó en el pasado y desde luego somos benévolos con nosotros mismos. Y con lo que salió bien añadimos prósperos aspectos a aquellas situaciones que tal vez no lo eran tanto.

Ahora se acaba un año complicado en lo social y lo económico, en los aspectos macro; activo en lo político y muy movido en lo judicial, confuso en lo legislativo; desconcertante para nuestra Monarquía, turbio para nuestras clases medias, desconcertante para la Sanidad; triste para la Educación, desquiciante para una lista grande de personajes que ni siquiera hace falta mencionar. Año caótico para unos seudo famosillos que no atesoran más méritos que entregar sobres, usar sus influencias, hacer negocios que no debían, pagar facturas de gastos personales, usar empresas para fines propios no demasiado transparentes, engañar, mentir, vender su vida privada (pero qué nos importa!). Este año incierto y duro deja momentos diferentes, pero muchos vinculados al paro, la pérdida de puestos de trabajo, la finalización abrupta de proyectos empresariales y la desilusión y el pesimismo que eso lleva aparejado.
 
Muchas, muchas han sido las Pymes y autónomos que han tenido que echar el cierre, abrumados por las pérdidas y la falta de futuro. Y detrás de cada uno de esos negocios hay empleados y familias que se enfrentan a momentos de inseguridad, de los que se tienen que rehacer. La desesperanza puede hacer mella en ellos, son momentos de desesperanza y de cierta desgana en ocasiones.


Las empresas recortan sueldos y presupuestos, tratan de ajustar los costes fijos hasta límites insospechados y actúan en las contrataciones con un candor y una ingenuidad que, si me permitís la expresión, es casi pueril. Se deshacen de eso que llamamos el talento senior (o sea los tipos experimentados que saben, porque tienen muchos años a sus espaldas, tienen el conocimiento y además las habilidades. Porque ya les ha pasado de todo o de casi todo) y contratan el talento junior. Ojo! Claro que hay que dar oportunidades a los jóvenes. Es una obligación inexcusables con las generaciones que vienen detrás. Pero esas soluciones que sólo consisten en poner parches no funcionan. Porque el único fin de ellas es abaratar costes de manera radical e inmediata. Como sea, sin planificación de los recursos (humanos) que son necesarios en cantidad y sobre todo en calidad. Sin control. Bajar costes porque hay que subsistir en el plazo más inmediato.
 
Cuando un enfermo tiene algo grave (nuestro país lo tiene), por ejemplo una neumonía no sirve de nada ponerle una tirita en la rodilla. Esa pretendida cura no le va a empeorar, la tirita  no va a agravar sus síntomas, pero mientras no tome los antibióticos adecuados no mejorará. Eso ocurre en las empresas con las selecciones y contrataciones que no son adecuadas. Generan costes en formación y adaptación del personal, al que le cuesta adaptarse a las organizaciones y a los puestos de trabajo, hay poca motivación, más rotación de la deseada y escasa motivación. Resultado, como país nuestro tejido empresarial sigue siendo poco competitivo.

Un año da para mucho, pitidos por las preferentes, un Papa volcado en los pobres, con un mensaje cercano y que parece luchar contra la corrupción y alejarse del boato. Ryan Air vuelve una vez más a aparecer en la prensa como la empresa aérea más denunciada del planeta: Recibe 8 denuncias diarias de sus pasajeros (Olé!). Además de haber obtenido  una sentencia muy reciente, ganada a pulso,  que le condena por discriminación, por sus tan llamativos y soeces anuncios publicitarios de sus azafatas ligeras de ropa (En un post de mediados de año,  ya denunciábamos esta situación).
 
La lotería de Navidad da premios muy repartidos y veo en las noticias, no sin cierto estupor, que la inmensa mayoría de los premiados están en paro, son jubilados, les iban a desahuciar de la casa, vivían de una ayuda social..., y sólo uno de los que entrevistan era mileurista. Me quedo consternado, porque si ese reportaje era un muestreo de lo que representa la demografía de este país alguien se tiene que echar a temblar, o tal vez todos, o tal vez en algún despacho de alguien importante deberían de estar trabajando en medidas estructurales, de verdad, serias y sostenibles, porque lo que no se sostiene es otros sorteo de la lotería como éste.

Parte del premio gordo tocó en O Rosal, un pequeño pueblo de la provincia de Pontevedra, muy afectado por las preferentes (además de haber sido castigado este verano por un incendio que llegó hasta la puerta de las viviendas de sus habitantes), donde los pobres jubilados se concentraban con sus pitos tocando incansablemente para que no se olvidara la desgracia que sufrían por haber perdido los ahorros de toda una vida de trabajo que ahora les venían tan bien.

Esos mismos jubilados, como si el destino les quisiera compensar con un guiño benévolo se han visto tocados por la fortuna en forma de décimo. Mientras celebraban su suerte con una modesta botella de sidra, al fondo de la imagen se veía perfectamente trajeados a los empleados de banca acechando al olor de dinero fresco. Tal vez tenían algún producto interesante que ofrecerles. He oído hablar de unas preferentes que dan muy buenos intereses.

El año que se nos va deja buenos recuerdos, además ya he dicho que queremos quedarnos con el recuerdo dulzón. O al menos neutro. Suavizado. Somos un país solidario, Cuanto peor nos van las cosas, más nos ayudamos entre nosotros. Ahora que la crisis azota duro, nos apoyamos mucho en la familia, recuperamos a los abuelos (o sus pensiones?); volvemos al concepto de familia nuclear, de piña. Se está fomentando el emprendimiento y el autoempleo, pero estamos muy lejos de tener unas buenas condiciones para ser competitivos: tenemos demasiadas trabas y un sistema asfixiante, que desanima al más osado; aún así creo que somos gente creativa e innovadora y esta situación tan prolongada está obligando a sacar lo mejor y en algunos casos lo peor de nosotros mismos.

Obtenemos muy malos resultados en los estudios sobre capacidad matemática o lingüística de los españoles y también sobre nuestra competitividad. ¿el lado bueno? Que tenemos un área de mejora enorme. Seguimos siendo el primer país donante de órganos porque tenemos un alma y un corazón altruista significativa.

Ahora nos hemos convertido (una vez más la historia se repite) en país emigrante, pero no de maleta de cartón sino de jóvenes preparados, talentosos, con proyectos, y con ganas de comerse el mundo, que buscan fuera lo que no encuentran aquí.

Nuestra gastronomía se codea con la francesa de tú a tú como una de las mejores del mundo y aparecemos en una estadística como uno de los países con los hombres más infieles del mundo.

Hay que salir en las listas, los primeros o los últimos, pero hay que salir. Pero yo prefiero salir en las de creación de empleo, riqueza, oportunidades para nuestros jóvenes, investigación, transparencia, derechos humanos y sociales.
 
Feliz 2014
 
Juan F. Bueno

 

Publicado el martes, 31 de diciembre de 2013 a las 17:25 por Unknown

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lunes, 30 de diciembre de 2013

Punto y seguido, tal vez punto y aparte. En apenas unas horas se acaba este año y se lleva el 13 que temen los supersticiosos. ¿Cuántas cosas perdurarán? ¿Y cuántas experimentarán un cambio radical? Los que seguís mi blog sabéis que soy un optimista persistente, y tengo mis baches, algunos de ellos oscuros cual noche de invierno, pero siempre me aferro a ver la luz al final del túnel. Aunque con cierta frecuencia, la realidad me coloca cada mañana en frente de situaciones duras y ásperas cuando hojeo el periódico o simplemente salgo a la calle. No hace falta más.

Por eso sé que resulta una estupidez agarrarse a esa falacia dulzona que se crea en torno a las fiestas navideñas. Ignoro si realmente creemos que en ese paréntesis de turrones, cordero, regalos y cenas. Las personas imaginan que en esa magia, artificialmente creada por los grandes almacenes y las campañas de Márketing, mejorarán los indicadores macroeconómicos, la bolsa sube (bajo el efecto del típico rally de Navidad, pero no sé si tiene que ver con los mazapanes y el capón de Cascajares; prometo enterarme). Afirmamos que las cosas irán mejor, tu cuñada se volverá más comprensiva y ya no te echará miradas asesinas cada vez que estrenas un traje que te sienta fenomenal.
 



Aquel compañero de trabajo con el que se hace tan difícil llevar a cabo los nuevos proyectos, comprenderá por fin, tu gran valía y facilitará tu integración en el quipo además de permitir que se pongan en valor tus habilidades. Por supuesto, tu suegra dejará de refunfuñar por cualquier asuntillo menor. Y tu jefe, ay tu jefe, seguro que calcula la subida salarial con ese programa para valoración de la Evaluación del Desempeño! Lo hará sin duda alguna, valorando tus capacidades al alza, de forma positiva y augurando una carrera prospera y brillante hacia la Dirección Comercial. El éxito está cada vez más cerca!!!!!
                                                                 
Es probable que el año empiece con un mes de Enero soleado y frío como corresponde a la estación del año en la que nos encontramos. Pasada la euforia necesariamente empachosa de tanta fiesta familiar y recuperados los estómagos de algunas aberraciones nutricionales (cenas de 5.000 calorías que después hay que disolver con antiácidos) y alguna copa de más que después van a parar a la voracidad recaudatoria de algunas administraciones, amanece un lunes de normalidad, en el que los negocios levantan la persiana, los niños vuelven al colegio. Sí, miraremos a nuestro alrededor. Con cierto sigilo.
 


En los estantes de los supermercados se retiran los últimos dulces navideños, los papeles de regalo aparecen arrinconados en una esquina, algunos abuelos despistados acuden a cambiar un juguete que compraron creyendo que era la última novedad y el nieto ya lo tenía. No parece haber muchos cambios. Unos operarios del Ayuntamiento retiran con cierta apatía las luces mientras comentan que no han tenido suerte en la lotería.
                                                          
En el bar del centro comercial suena la televisión. Este momento económico nos ha enseñado un nuevo lenguaje en el que ya nos movemos con cierta naturalidad, y dos señores mayores, seguramente ya jubilados, comentan entre sí: “Vaya, a mi edad, me habían llamado muchas cosas, pero nunca pensé que llegaría a ser un pobre energético”. O sea ese nuevo grupo de personas que tendrán que elegir entre pagar la luz o comer…. Su compañero asiente.
 
Otra noticia, este año han descendido de forma notable las ventas de lotería. Increíble (espero que no haya sido por el tan polémico anuncio televisivo).  Y las cenas de Empresa. Claro! Y las pequeñas empresas! Y los equipos que las forman! Si no hay equipos, poco tendrán que salir a celebrar o a cenar. Es tan simple que casi resulta estúpido afirmarlo. Aunque este es el panorama desolador que he encontrado estos últimos meses en muchas Empresas, grandes y pequeñas y en bastantes sectores, en autónomos y profesionales jóvenes y también en los más  experimentados.

Empieza 2014 y tal vez tu suegra siga refunfuñando o muestre su cara más amable; la Bolsa no remonte o nos vaya dando pequeños respiros; la economía crezca de forma sostenida; el talento joven encuentre oportunidades; las cifras del paro dejen de parecernos sonrojantes y vergonzosas; recuperemos la confianza en la Justicia; en la Sanidad Pública; en los representantes políticos; tal vez tu jefe siga siendo el mismo tirano de siempre o tal vez sea capaz de comprender algún concepto como la motivación, la comunicación, el desarrollo, o tal vez no…. Tal vez la familia sea tu “descanso del guerrero” o haya que aceptar que, a veces, lo tenemos muy idealizado.

2014 es un año como cualquier otro. Cada uno construimos nuestra vida día a día. Mucho de lo que ocurre está en nuestra mano, en nuestra actitud.
 
Es innegable que nos pueden amargar el año y la vida el jefe, la cuñada, el periódico y la evaluación del desempeño, pero lo que es concluyente es lo que decidamos hacer con lo que nos ocurre. Eso es lo realmente importante y en gran medida depende solo de nosotros. Como nos recordaba Mandela, somos dueños de nuestro destino.
Decía al principio que soy optimista por naturaleza. O por convicción. O porque sí.
 
Bienvenido 2014.
 
Juan F. Bueno
RH Gestión y Formación

Publicado el lunes, 30 de diciembre de 2013 a las 22:33 por Unknown

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lunes, 23 de diciembre de 2013

En estos últimos días del año que se va consumiendo,  os deseo unas muy Felices Fiestas.
 
Que 2014 sea el principio de la tan repetida y poco visible recuperación, y que las cosas se empiecen a ir solucionando para tantas y tantas familias que lo están pasando verdaderamente mal.
 
 
 
Estos días hemos podido ver con emoción, como la Lotería de Navidad ha sacado a mucha gente humilde de verdaderos apuros económicos. Una vez más esta Lotería, tan repartida entre gente necesitada, cumple una labor social de enorme transcendencia, a pesar del 20% que el Sr. Montoro se va a llevar para su hucha.
 
Un saludo muy afectuoso a todos.
 
Juan F. Bueno

Publicado el lunes, 23 de diciembre de 2013 a las 18:26 por Unknown

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viernes, 13 de diciembre de 2013

Publicado el viernes, 13 de diciembre de 2013 a las 17:42 por Unknown

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martes, 10 de diciembre de 2013

Publicado el martes, 10 de diciembre de 2013 a las 22:55 por Unknown

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La oleada de destrucción de empleos que estamos padeciendo, unido a las pocas perspectivas profesionales en muchos sectores, provoca que no pocos profesionales hablen de reinventarse. Parece de lo más actual. ¿Pero es una realidad, un mito o una necesidad?

Como en la viña del Señor, hay de todo. El mercado de trabajo está, digamos, profundamente herido. Pero tenemos que seguir viviendo y precisamos buscar nuevos horizontes. Hay profesionales que aprovechan este parón para ampliar su formación. Soy un ferviente defensor de la misma y creo que a lo largo de nuestra vida, hay que practicar la formación continua. Cuando alguien cree que sabe suficiente, se está acercando peligrosamente a su nivel de incompetencia. Pero a algunos de estos profesionales les asaltará la duda más que razonable de "¿Formarse para qué? ¿Mejorará mi empleabilidad? ¿Aumentará mi cotización? ¿Debo especializarme?". Serán algunas de las dudas que le surgen a mas de uno.
 
Este libro, de amena lectura, cuenta a través de 3 fábulas cómo se puede hacer un relanzamiento profesional cuando nos sentimos atrapados en nuestro mundo laboral. Trabajar en lo que a uno le apasiona, es un lujo, pero en la situación actual, en muchos casos se me antoja casi imposible. Sin embargo debemos recordar que somos útiles y aportamos valor en las organizaciones empresariales, cuando hacemos cosas en las que creemos, o nos gustan o nos motivan y que además, nos salen bien. Si alguno de estos elementos falla, nuestra aportación bajará exponencialmente.


Hay personas que buscan esa reubicación profesional porque están “desubicadas” si me permitís la expresión. Son personas que ocupan puestos inadecuados, por su formación, experiencia, actitud, etc. Para estos profesionales, ese cambio puede ser una bocanada de aire fresco. Pero siendo realistas, podemos decir que la mayoría hemos pasado por trabajos rutinarios, poco interesantes o para los que estábamos sobre cualificados. Y se pasa mal. Pero hace falta ser valiente para dar el salto. Y en ocasiones es preciso tener debajo la red de seguridad, para no poner en riesgo, por ejemplo, la estabilidad económica de la familia. En ocasiones (muchas) hace falta una proactividad un tanto osada.


Reinventarse, en toda la extensión de la palabra, exige actuar con arrojo, echarle mucho valor a la situación y confiar en las propias capacidades. Hay que empezar desde cero y con frecuencia desaprender.  Requiere un coraje especial. El ánimo y brío que hay que poner en un cambio tan radical, es grande, sin duda alguna. Mucha pasión y poco miedo. Pero si de verdad emprendemos la senda de algo que realmente nos guste, nos motive, nos llene; a la larga, vamos a ser recompensados, porque indudablemente, lo vamos a hacer bien. A veces, para adentrarnos en esta senda, necesitamos un pequeño "empujón" que nos saque fuera de nuestra zona de confort. Aunque posiblemente ese "empujón" no lo elijamos nosotros y nos venga de una manera súbita e inesperada y casi siempre en formato de decepción, dolor o rechazo. Esto podemos verlo como un problema o como una oportunidad. Si elegimos esta última, es cuando verdaderamente podremos entrar en la fase de "reinvención" con las energías y talante suficientes, para ser capaces de transformar nuestra vida y hacer realidad nuestros sueños.
 
Si miramos alrededor hay casos famosos: todos recordamos a un actor mediocre convertido en Gobernador de California y a otro actor en la Presidencia de Estados Unidos. Y casos anónimos no faltan: Veo en un programa a psicólogas reconvertidas en propietarias de cervecería, un arquitecto como cocinero de sushi o unos jóvenes ingenieros como profesores de actividades al aire libre en el madrileño parque del Retiro.
 
Las posibilidades pueden ser muy amplias, tantas como la imaginación, o tal vez la necesidad. Sea como sea cada uno de nosotros puede y debe buscar su camino.
 
A veces me pregunto también que ocurre con todos esos años de experiencia de los que se prescinde para empezar a demostrar todo, aceptar ser un novato. No es fácil. Hay que poner corazón, humildad y fuerza a partes iguales.



No puedo dejar de citar aquí el libro de mi admirado Mario Alonso Puig. Él constituye un ejemplo de reinvención, dejando a un lado una exitosa carrera como cirujano, para lanzarse a un mundo entonces para él desconocido.


Creo que hay dos razones fundamentales por las cuales nos podríamos lanzar a esa nueva aventura: Una es de índole personal, intentar ser más felices haciendo aquello que deseamos y la otra, de tinte profesional: ser más competitivo.


Parafraseando un libro de Pilar Jericó todas esas personas que emprenden, se reinventan o se reciclan son los auténticos “héroes cotidianos”.
 
Juan F. Bueno

Publicado el a las 22:33 por Unknown

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lunes, 9 de diciembre de 2013

Una mujer, profesional de indudable valía y de gran trayectoria en el mundo del periodismo especializado, asistía hace unos días a uno de nuestros seminarios sobre Gestión de Equipos con la ilusión y avidez de conocimientos que lo haría una joven recién licenciada. Sin embargo esta profesional de aire sereno era ya portadora de algunas arrugas que no eran más que el reflejo de muchas, muchísimas horas de trabajo, proyectos, desvelos, formación, en definitiva horas de vuelo, años de carrera y un sinfín de conocimientos técnicos, amplio entendimiento del mercado con todos sus vericuetos y una meridiana percepción del sector y su devenir.
 
 
 
Como el resto de personas que asistían al seminario, con  actitud aplicada,  me pregunta al final: Juan “¿te puedo enviar un artículo que publiqué sobre el Talento Senior? Es que creo que las mujeres nos tenemos que reinventar”, han dejado de ser una excepción en nuestro mercado laboral. E incluso puedo ir más allá y dejar de lado la cuestión de sexo. Hombre o mujer.  Poco importa! Lo realmente aterrador es que estamos dejando escapar el talento por las rendijas de la incompetencia. Porque estamos en manos de managers más preocupados por los números que de las personas, perdiendo de vista que los términos económicos son sólo soluciones cortoplacistas.

La fórmula que estamos aplicando en muchas de nuestra organizaciones no funciona; hay que gritarlo a los cuatro vientos. Empujamos a la calle a profesionales de primera, con un extenso bagaje que tanto nos aportaría en tiempos difíciles y en su lugar ponemos a gente más joven, a los denominados JASP. ¿Recordáis aquellos anuncios de coches que hacían alusión a jóvenes aunque suficientemente preparados?. No lo dudo. Pero no tan jóvenes. Nuestra generación de los treintaytantos  tienen que estar muy preparados. Ay de ellos si no lo estuvieran! No aguantarían en la jungla laboral ni un asalto. Pero es preciso recordar que el talento no es sólo conocimiento o cualificación técnica. Es alto desempeño y trayectoria. Es tiempo y experiencia. Y eso hay que vivirlo. Se siente. Se aprende. Se sufre. Se disfrute. Pero no es ni fácil ni rápido, requiere su tiempo, su proceso y su maduración.

 
 
Hace unos días asistí en el colegio de mi hija a una reunión de seguimiento de objetivos para el presente curso escolar. Se hizo una presentación de un interesante proyecto del centro, el nuevo departamento de comunicación y calidad y algún otro “peso pesado” del colegio, una institución seria y de prestigio. Esas comunicaciones, por parte de gente experimentada, con muchos años dedicada a la enseñanza estaban llenas  de color y de calor, rezumaban sabiduría dentro de un lenguaje sencillo y a la vez profundo que los padres captábamos a la primera. Hubo otras dos intervenciones,  menos afortunadas, de dos profesoras que ocupaban puestos de responsabilidad y que podían haber aportado desde su juventud un nuevo aire, pero sólo se quedó en una aportación escasa y un tanto fuera de lugar. Aludiendo a la disciplina y las regañinas propias de adolescentes a unos padres que, asumimos aquello con una cierta perplejidad.
         
Que se entiendan bien mis palabras. Pocas experiencias pueden ser mejores que las de una jueventud preparada con ganas de crecer y desarrollarse, de asumir proyectos y de salir adelante, de cambiar la sociedad y transformarse con ella. Pero ese proceso requiere tiempo y madurez, adquirir sabiduría y poder aplicarla, acertar y equivocarse. Cometer errores y aprender de ellos. Vivir aciertos e interiorizarlos.

Y ese profundo proceso del desarrollo del talento se puede vivir de una forma intensa a través de una herramienta muy útil que en ocasiones vendría bien revivir. El mentoring. Unir la sabiduría y el talento senior de la profesional con la que iniciaba este post ,con esa profesional de la educación, que sin duda goza de una buena preparación técnica pero con pocas habilidades sociales, escasa experiencia y desempeño titubeante, para que unos y otros puedan hacer el camino juntos, acompañándose en el devenir profesional en el que ambos, mayores y jóvenes se pueden enriquecer mutuamente y ambos saldrán ganando. Y nuestras organizaciones empresariales mucho más.

Ya lo dije en un post publicado hace un tiempo. No hemos inventado nada. A veces basta con echar la vista atrás con cierta humildad. Cuando Ulises parte a la Guerra de Itaca le pide a su amigo Mentor que cuide de su hijo Telémaco durante su ausencia.
 
Mentor se convertirá durante la ausencia del padre en el guía, consejero que le inspira, ayuda, aconseja, reta y desafía a lo largo de su aprendizaje y crecimiento personal y profesional. Toda una aventura para ambos. Precaución, el talento es escurridizo.
 
Juan F. Bueno
 


 

Publicado el lunes, 9 de diciembre de 2013 a las 23:10 por Unknown

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Esta es una pregunta que me asalta con frecuencia. Cuando salgo, asisto a algún congreso, organizo un viaje, llevo el coche al taller o simplemente hago la compra en el supermercado de la esquina.
 

Y no me refiero a que las Empresas españolas tengan una identidad propia, relacionada con la idiosincrasia del país. No, no me refiero a la homogeneidad que pueda dar la analogía geográfica o incluso la del sector. Está claro que cada Empresa, en su ámbito de actuación tiene las características propias de la actividad a la que se dedica (poco o nada tiene que ver el mundo de la Distribución con la Siderurgia o la Construcción).

A lo que quiero aludir es a la esencia intrínseca de cada Organización, a los  aspectos y características que la definen y permiten distinguirla entre sus similares.


Me viene a la cabeza un nombre como el de Zara. La cultura corporativa de Inditex está marcada por el trabajo en equipo, la comunicación abierta y un alto nivel de exigencia. Todos podemos distinguir sus tiendas por las características que saltan a la vista y que la hacen única: Buen diseño a precios muy competitivos, adecuada atención al cliente, constante renovación de sus modelos, plataforma tecnológica, RSC, etc. Hay unos signos característicos genuinos, que permiten identificar a la Empresa de un simple vistazo.

 


La cultura empresarial se compone de una Misión, de una Visión y de unos Valores. Dicho de forma sencilla, establecen aquello que sabemos hacer bien, para qué lo hacemos y cuáles son los valores que nos guían en el cumplimiento de nuestros objetivos.

Uno de los objetivos principales de la Gestión de Personas es proveer las condiciones necesarias para que se cree y mantenga una Cultura Corporativa identitaria.

Esto significa una visión clara por parte de la Dirección, que debe de ser convenientemente comunicada y comprendida por los Empleados. Y además debe estar interiorizada en cada una de las áreas de negocio, con herramientas que permitan materializarlas en el día a día. Este es quizá uno de los puntos más débiles en nuestras Organizaciones y que conviene afianzar, para dar precisamente ese protagonismo identitario a la marca.

En una palabra, dar carta de naturaleza en toda su extensión a los carteles en los que reflejamos con grandes titulares la Misión, la Visión y los Valores y que colgamos en bonitos cuadros en los despachos de los Directivos de nuestras Empresas. La pregunta que debemos hacernos es, si esos carteles que enseñamos a los clientes y visitantes, reflejan en nuestros Empleados los sentimientos que allí rezan. En una palabra ¿Están arraigados? ¿Los Empleados los sienten como suyos? ¿Son realmente elementos identificativos? ¿Sirven para distinguirnos?
 
Hay que alejarse de declaraciones grandilocuentes, si éstas no se llevan a la práctica, porque sólo generan descrédito y alejamiento de la realidad cotidiana. La Visión y la Misión implican lo que queremos ser como Empresa y por eso la actuación de todos los Empleados debe estar alineada con la consecución de esos objetivos. Disponer de una cultura organizativa débil o poco arraigada en todos los ámbitos, puede generar ciertos antagonismos, creencias diferentes dentro de la propia Organización e incluso, en ocasiones   dar una imagen de  visión cortoplacista y en otras incluso marketiniana. Si nos encontramos en situaciones parecidas a las descritas,  nos va a resultar mucho más difícil conseguir así el compromiso de todos y por ende una adecuada cohesión entre los equipos.

Establecer una cultura válida, que consiga aunar voluntades en torno a ella, sirve para trazar el camino de esa Organización. Requiere un periodo de reflexión y análisis sobre el modelo de negocio, los elementos inspiradores del mismo (Empresa líder, socialmente responsable, innovadora, etc.) por parte de los máximos responsables de la misma. Esa misma definición debe de implicar el estilo de liderazgo imperante en la Empresa, clarificando las funciones clave, los puestos críticos, y en definitiva, el modelo de gestión y operativo de la Organización.

Todos estos conceptos que yo menciono como imprescindibles, conforman el “alma” de la Empresa. Son los pilares en lo que se asienta su credo y por tanto corresponden al “pensamiento a largo plazo”.
En ocasiones, en  tiempos convulsos como estos que estamos viviendo,  estos conceptos corren el peligro de ser postergados al olvido, al ser tachados de superfluos. Algunos Directivos pueden pensar que estos conceptos no captan clientes, ni venden más. Yo opino que  en esta época de notable incertidumbre, se me antojan prioritarios. Identificar y definir todos estos aspectos, ayuda a seguir la línea establecida y evitar que nos despistemos en la turbulencia de la crisis. Tener la Misión, la Visión y los Valores como brújula de la Organización, da certeza, seguridad y orientación a sus Empleados, Clientes e Inversores.

Además de servir para que, en momentos de cambio, podamos adaptar el funcionamiento de la Compañía y sus objetivos, porque todos los Empleados y procesos estarán orientados en la misma dirección. Y recordemos que el cambio no avisa: Llega y se instala.

La cultura empresarial, que a veces asociamos como  patrimonio de las grandes Corporaciones, es igual de válida para Empresas más modestas. Estas pueden y deben tener un conjunto de señas propias en las que reconocerse. Estoy convencido que eso aumenta el compromiso de los empleados. Y el compromiso es una pieza sustancial para alcanzar la competitividad.


May Ferreira


Publicado el a las 23:09 por Unknown

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Publicado el a las 23:07 por Unknown

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