domingo, 28 de septiembre de 2014

La forma más directa de descubrir el estilo de un directivo es conocer a su equipo. Sus miembros, con su conjunto de cualidades, habilidades y características será el fiel reflejo de aquél que ostente la responsabilidad de su dirección. Y sobre todo la forma de actuar e interrelacionar de todos ellos será la representación más patente de su modelo de gestión.



                                 
El pasado 14 de Septiembre de 2014, se fue otro de los grandes empresarios de este país, un empresario discreto, un hombre que dedicó toda su vida profesional al mismo grupo empresarial con el que recientemente confirmaba haber dejado atrás la crisis, y afianzarse en la expansión internacional.
 
El perfil de Isidoro Alvarez se manifiesta de nuevo como el de un trabajador infatigable, enamorado de su tarea, un visionario del mercado, que supo llevar la cadena de almacenes y convertirla en un gigante con presencia en todas las provincias españolas. La innovación en productos y la calidad en el servicio ofrecido han sido sus máximas, pero siempre dentro de criterios de absoluto sentido común, y sopesando mucho los riesgos. Así él y su equipo han alcanzado con su negocio un altísimo nivel de desarrollo, siendo referencia a nivel europeo.

En otro post he mencionado en alguna ocasión la figura de los jefes y los jefecillos. A cada uno de ellos le corresponde un equipo o un grupo de gente que trabajan juntos, sin más. Hace unos años trabajé en varios proyectos para lo que llamábamos “equipos de alto rendimiento”. ¿De que hablamos?: Pues era ni más ni menos que el fiel reflejo de un equipo maduro, muy cohesionado y con un gran líder al frente.  Y eso es lo logrado por Isidoro Alvárez durante los últimos 25 años al frente de El Corte Inglés.
 
Era un hombre discreto, un gran gestor, que se volcó expresamente en el equipo que le rodeó a lo largo de su vida profesional porque sabía que nadie era imprescindible, pero la gran maquinaria del gigante del comercio español tenía que funcionar con un engranaje perfecto.

Isidoro Alvarez era además un tipo listo y con capacidad de adelantarse a su tiempo, la tan mencionada proactividad ante el cambio. Supo ver por dónde iban los avances tecnológicos y las demandas del mercado y estar ahí para satisfacerlas. Los españoles nos modernizamos y él estaba a nuestro lado, de forma silenciosa, en segundo plano, dirigiendo con su equipo aquel negocio que en su origen fue una modesta sastrería en la calle Preciados de Madrid.
 
El Corte Inglés es Marca España y es sinónimo de calidad y ése es el referente que necesitamos proyectar dentro y fuera de nuestro país. Recuerdo en la época de  expansión de los años 70 en diferentes provincias españolas cómo la apertura de uno de esos centros de los grandes almacenes suponía una garantía de prosperidad y negocio para todos los locales de la zona. El Corte Inglés traía prosperidad, seguridad y calidad. Isidoro lo sabía. Y trabajaba infatigable en esa línea. El y su equipo. 
 
Siempre cuidó tener preparada la sucesión, consciente cómo era que ésta se tenía que realizar sin ningún perjuicio para la Empresa, sus empleados y sus clientes. Por ello luchó toda su vida. Para eso se rodeó de los mejores.
 
No se trata de ser carismático o genial sino simplemente de arrancar la pasión y la motivación de los colaboradores. Eso lo consiguió sobradamente Isidoro Alvárez. Allí donde esté ya estará buscando un local donde ampliar el negocio.
 
La misma semana que fallecía D. Isidoro Álvarez, también lo hacía D. Emilio Botín, Presidente de Banco Santander. Dos grandes líderes del empresariado español nos han dejado en un corto espacio de tiempo. 

Nos sentimos un poco huérfanos de líderes. Aciaga semana.
 
Juan F. Bueno




   Suscríbete al Newsletter




Únete a la comunidad y recibe en tu correo el mejor contenido.



Más de 8.000 Suscriptores ya lo han hecho.


Publicado el domingo, 28 de septiembre de 2014 a las 16:43 por Unknown

Ningún comentario

Hace unos días una amiga me contó una historia que quiero compartir con vosotros.
 
una próspera Empresa de distribución en la que trabajaba nuestra protagonista, Mariquita Risueña. Ella era una mujer preparada, trabajadora, inquieta y con muchas ganas de seguir aprendiendo. Todos los días acudía a su trabajo intentando mantener la motivación de su equipo y la suya propia. A veces no era fácil. No, a veces era incluso muy difícil.

Estaba ensimismada en sus pensamientos cuando oyó un terrible aullido “uahhhhh Mariquita ven rápido a mi despachoooooo”. El grito procedía del piso de arriba. Era el Gran Ogro Pepe que bramaba desde su oscura guarida.

Mariquita acudió enseguida y con una sonrisa en los labios tocó en la puerta. Pepe gruñó sin levantar apenas la mirada. Tecleaba con furia encima de su ordenador. Ella siempre se sobresaltaba cuando la increpaba así. Le conocía desde hacía años pero no acababa de acostumbrarse. El Gran Ogro Pepe empezó a soltar una retahíla que quejas y reproches sobre Mariquita, su trabajo, el de su equipo…. Ella miró por una rendija de la gruta, y vio como se colaban los rayos de sol. Fuera hacía un día precioso, era viernes y ella quería disfrutar de un buen fin de semana con su marido, su hija, su perro….. no, definitivamente el Gran Ogro no le iba a amargar el día. Cuando él acabó de increparla ella volvió a su despacho, con aspecto más serio. Una de sus colaboradoras, Anita Feliz le dijo: “¿por qué te ha gritado esta vez?” Mariquita se encogió de hombros. No quería transmitir a sus compañeras el malestar que le provocaban las constantes broncas. Ella quería que su equipo trabajara unido, con ganas, alegre, pero a veces el panorama era sombrío.

Todos temían al Gran Ogro Pepe. Le obedecían y procuraban no contrariarle porque preferían no provocar alguna de sus sonoras reprimendas. Su método de trabajo era castigo y premio (más castigos que premios). 


Mariquita Risueña tenía al respecto una idea distinta. Estaba convencida que un equipo cohesionado, con un líder (que no un jefe) al frente, con objetivos claros y un plan de trabajo conocido y aceptado era más eficaz y, sobre todo, más feliz. Ella no entendía el trabajo como una condena, deseaba ir a trabajar con ganas cada día y asumir nuevos retos. Pero....



Otra de sus compañeras, Blanquita Radiante le dijo “¿Por qué no vas a la Escuela de Ogros donde le enseñaron su método de dirección y tratamos de inscribirle en un curso de liderazgo? Tal vez ellos puedan convencerle…..


Mariquita Risueña decidió ir acompañada de la jefa de formación, Carmen Dichosa. La pobre tenía poco trabajo porque el Gran Ogro decía que la formación no era más que una pérdida de tiempo y las herramientas de desarrollo, tonterías que ponen de moda los americanos. En definitiva, no hacía caso a “esas paparruchas de los chicos de Recursos Humanos”…. Ay menudo panorama!!!!!!!! Qué difícil era lidiar con un jefe gruñón y de talante tan voluble. Ella reconocía que técnicamente era bueno, conocía su profesión, era hábil, manejaba bien las cuestiones técnicas…. En fin, si pudieran ayudarle a cambiar….

A medida que se acercaban a la escuela las dos compañeras veían la zona muy despoblada, apenas había gente y todo estaba desangelado. 
Cuando ya casi habían llegado atisbaron un cartel como éste. La escuela estaba cerrada! “no puede ser” pensó Mariquita Risueña, pero si ésta escuela era un éxito, siempre estaba llena.

De repente vieron a la Directora, la Sra. Marisol Cascarrabias que con gesto entristecido iba recogiendo pupitres. Ambas se acercaron y Mariquita preguntó “Buenas tardes, Sra. Cascarrabias ¿qué ha pasado?, ¿Por qué está cerrada la Escuela?

La Directora lanzó un sonoro suspiro y dijo “nos hemos arruinado, el sistema de Premio y Castigo ha fracasado. Al principio nuestro modelo de Jefes-Ogros funcionaba muy bien. En las Empresas estaban muy contentos con ellos pero poco a poco empezaron los problemas. Los empleados se rebelaban ante los malos modos, las reprimendas, los cambios de humor, y tampoco aceptaban premios con la formación y castigos con las subidas de sueldo. Un auténtico fracaso. Las Empresas nos empezaron a devolver a nuestros Ogros y nos vimos obligados a cerrar”.

Mariquita no podía disimular su sorpresa. Carmen Dichosa exclamó “¿y ahora qué vamos a hacer?”.

La Sra. Cascarrabias la miró con desgana y dijo “ahora todos quieren mandar a sus ogros a la Escuela del Líder Que Guía Tu Camino. Dicen que sus jefes salen  de ahí con ganas de motivar, ilusionar e iluminar la tarea de sus equipos. Dicen que consiguen de equipos ordinarios unos resultados extraordinarios”. Siguió suspirando “y ahora ¿qué haremos con todos los Jefes Ogros que mandamos a un montón de empresas de todo el país? Si hasta nos los pedían desde el extranjero…..”

Mariquita Risueña y Carmen Dichosa comprendieron que tenían que lograr matricular a su Ogro en La Escuela del Líder Que Guía Tu Camino. Pero, ¿cómo podían hacerlo?
Continuará…..

Juan F. Bueno



   Suscríbete al Newsletter




Únete a la comunidad y recibe en tu correo el mejor contenido.



Más de 8.000 Suscriptores ya lo han hecho.


Publicado el a las 16:39 por Unknown

Ningún comentario

lunes, 15 de septiembre de 2014

El talento no tiene género, como no lo tiene el sacrificio ni la audacia, ni los retos, ni los dasafíos, ni los objetivos a los que se tiene que enfrentar un profesional en cualquier ámbito, ya sea hombre o mujer.
 
 
Pero de forma insistente la prensa, los analistas y la sociedad en general desmenuzan de forma minuciosa todos los elementos del trabajo desarrollado por cualquier profesional y más si ésta es mujer. E incluso se habla de porcentajes, de cuotas, de igualdad…. Ignoro si estas medidas pueden producir buenos resultados pero no me gustan como herramientas aunque sus fines puedan ser loables. Nunca he sido partidaria de atribuir asignaciones de talento por el mero hecho de que la naturaleza y la genética hayan determinado la condición masculina o femenina de una persona. Siempre lo he rechazado. A lo largo de mi vida personal y profesional he conocido y tratado hombres profundamente estúpidos y mujeres indudablemente brillantes. Y creo firmemente que un hipotético cambio de sexo entre ellos no habría remediado ni la estupidez de él ni la inteligencia de ella. 

En sentido contrario he trabajado al lado de hombres cultos, sagaces o rápidos y también he compartido vida profesional con mujeres memas, majaderas, tontas en definitiva, y de verdad que no he sentido ningún corporativismo ni necesidad de defender lo indefendible simplemente porque compartíamos el mismo género.
                                    
El concepto del talento debe ir mucho más allá porque a los profesionales se les mide por sus resultados y en ellos da igual vestir falda o pantalón o adornarse con tacones o corbata. No dejo de leer en la prensa que la hija de un banquero recientemente fallecido, designada como nueva Presidenta de la entidad tendrá que “lidiar en un mundo de hombres”. Yo creo que tendrá que hacerlo en un mundo de profesionales muy bien preparados para sortear grandes vicisitudes, con una muy clara estructura para su toma de decisiones, con muy buen conocimiento del negocio bancario y del sistema financiero, con un gran equipo y siendo una hábil negociadora. Criterio ora firme ora flexible, resistencia ante las dificultades, ilusión ante los retos, fuente de inspiración, proactividad ante los cambios, pero me resisto a creer que algunos rasgos femeninos puedan empeorar su desempeño al frente de un puesto de responsabilidad. Eso lo haría sólo la falta de capacidad.

Que le pregunten a los accionistas de ese Banco si su cotización en Bolsa sube y les hace ganar dinero si les importa mucho si la Presidenta se pinta los labios o usa gemelos en la camisa. Tal vez les interesen más otras capacidades menos ligadas a ser varón o hembra y más relacionadas con las competencias necesarias para llevar al éxito sostenible a unos negocios cada vez más complejos en un mundo cambiante e inestable.

Que lo frívolo no nos distraiga, por favor, señores.
 
May Ferreira  




   Suscríbete al Newsletter




Únete a la comunidad y recibe en tu correo el mejor contenido.



Más de 8.000 Suscriptores ya lo han hecho.


Publicado el lunes, 15 de septiembre de 2014 a las 11:26 por Unknown

Ningún comentario

domingo, 14 de septiembre de 2014

Los modelos de dirección están cambiando a gran velocidad, debido en gran parte a las exigencias del consumidor en cuanto a flexibilidad, rapidez y calidad.
 
 
La idea principal en la que se basa el Empowerment es que las personas que se hallan directamente relacionadas con una tarea son las más indicadas para tomar una decisión sobre la misma, ya que por el conocimiento de las mismas las convierte en las más capacitadas para ello.

El Empowerment se basa en la delegación de autoridad a los subordinados a los que se les transmite el sentimiento de ser dueños de su propio trabajo. Es además una herramienta utilizada tanto en la calidad total, como en reingeniería y provee de elementos para fortalecer los procesos que llevan a las empresas a su adecuado desarrollo.

 
Se trata por lo tanto de un nuevo concepto. De una filosofía novedosa para administrar y dirigir Empresas  que requiere una estrategia y unos niveles de comunicación efectiva especiales, para poder cumplir con los objetivos estratégicos de la compañía.

El concepto “Empowerment” viene del verbo inglés “to empower”, potenciar que ya nos da una idea clara sobre cómo se puede convertir en una herramienta estratégica que impactará en una nueva forma de liderazgo y de dirección de equipos.
 
Si el Empowerment está bien implantado dentro de la organización, genera unos niveles de compromiso por parte de los empleados y de involucración en las decisiones que adoptan y en los resultados que consiguen, que producen un impacto muy positivo en los resultados de las Empresas en las que se implantan.
 

En definitiva, el Empowerment, un nuevo modo de dirigir para nuevos tiempos y nuevas necesidades.

Más información en https://www.rhgestionyformacion.com/contacto.HTML


Juan F Bueno




   Suscríbete al Newsletter




Únete a la comunidad y recibe en tu correo el mejor contenido.



Más de 8.000 Suscriptores ya lo han hecho.


Publicado el domingo, 14 de septiembre de 2014 a las 20:41 por Unknown

Ningún comentario

jueves, 11 de septiembre de 2014

Esta soleada mañana madrileña nos ha sorprendido con la repentina muerte de un banquero de raza, el presidente del Banco Santander. La sorpresa viene no tanto por su edad, en unos días cumplía 80 años, sino por su enorme vitalidad y el duro ritmo de trabajo que seguía a diario al frente de la entidad, más propio de un ejecutivo cuarentón que de un hombre con ocho décadas a sus espaldas y más de 50 en el Banco.

 
       
A la edad en que otras personas inician sus jornadas pensando cómo van a matar las horas o intentando recordar las pastillas que tienen que tomar, Emilio Botín podía presumir de no tener un hueco libre en su agenda.

El día del fallecimiento de alguien relevante se produce inevitablemente una avalancha de declaraciones, alabanzas, el pésame a la familia, biografías más o menos acertadas del finado…. Pero no es ése el objeto de estas líneas. Plumas mucho mejor informadas escribirán informaciones exactas sobre su persona. A mí me interesa analizar en este blog los elementos que tienen el empresario, el directivo, el ejecutivo, y el trabajador.


Porque si algo encarnaba “el presidente” como le llamaban en el banco era ese espíritu de trabajo incansable, unido a un elemento vital en un líder, la pasión. Algunos podrían pensar “es fácil ser un líder cuando se nace en un familia tan adinerada y se hereda un banco”.  Pues no, eso no es cierto. Esas condiciones pueden facilitar el acceso a una buena formación por ejemplo, o a tener ciertos contactos, pero no aseguran ni mucho menos contar con las cualidades necesarias para poder hacer frente a la sucesión del negocio, y además hacerlo con un éxito rotundo. No podemos obviar que convirtió un banco provinciano en otro que hoy es un referente a nivel mundial.

Botín había elegido, tal vez simbólicamente, el color rojo (siempre se adornaba con sus corbatas o tirantes rojos, corporativos), que representa la fuerza, el coraje, la decisión, el empuje. Esa naturaleza decidida, unida a un olfato de tipo listo y astuto, le hacía desarrollar una competencia enormemente deseada por los directivos actuales: La proactividad ante el cambio, ese atributo con el que se adelantaba a algunas circunstancias del mercado.
                       

Ese líder es una persona con capacidades y disposición para tomar decisiones. Algunas de ellas equivocadas (como no podía ser de otra manera). Es además un profesional que tiene la pericia de formar un equipo con grandes profesionales a su vez, complementarios, audaces y un poco visionarios.

Botín es un personaje con luces y sombras. La banca española ha tenido un papel que no podemos ignorar en la crisis actual, y su banco forma parte de ese entramado. Los bancos no se lo han puesto fácil a los ciudadanos de a pie y el crédito se ha convertido casi en una utopía. Pero hay aspectos de su personalidad en los que quiero enfatizar (sin entrar en otras consideraciones) porque en ese hombre campechano había madera de líder, y de esa madera estamos escasos. Muy escasos. Necesitamos imperiosamente hombres fuertes, gestores que no le teman al trabajo ni a las dificultades, que aguanten jornadas largas si son necesarias porque les mueve una fuerza motriz que tiene más potencia que cualquier motor: LA PASION. La que movía a Don Emilio. Sin más valoraciones.

Con una fortuna inmensa podría haberse dedicado a disfrutar de los placeres que puede proporcionar una vida sin dificultades económicas, sobre todo cuando uno se empieza a hacer mayor. Pero eligió madrugar, trabajar, apasionarse y también a veces polemizar con sus decisiones y estar al pié del cañón hasta el último de sus días

Supongo que en cuanto haya aterrizado en el “más allá” habrá convocado un Consejo de Administración.

Juan F. Bueno
 



   Suscríbete al Newsletter




Únete a la comunidad y recibe en tu correo el mejor contenido.



Más de 7.000 Suscriptores ya lo han hecho.


Publicado el jueves, 11 de septiembre de 2014 a las 13:27 por Unknown

Ningún comentario

martes, 9 de septiembre de 2014

Varios estudios económicos publicados recientemente confirman que la economía española tiene que mejorar su productividad, que tenemos que ser más competitivos, más eficaces, más innovadores, más y más y más y todo lo que nos falta añadir lo tenemos que conseguir a menor coste. ¡menudo descubrimiento! Eso lo puede afirmar cualquier español, medianamente instruido, sin necesidad de ser un gran estudioso sobre la actualidad.
 

 

Harina de otro costal será determinar cómo podemos conseguir todas esas metas, aunque parece verosímil pensar que alcanzar esos retos pasa por contar con personas preparadas, competentes e ilusionadas. Nuestras organizaciones necesitan Talento,  que no sea lento. Y no estoy haciendo un juego de palabras porque la velocidad de nuestro mundo actual exige celeridad en las decisiones, presteza en los conocimientos y soltura en la adquisición de las capacidades.
 
Talento te necesitamos, donde quiera que estés. Porque va más allá de la inteligencia. Nuestras empresas están llenas de profesionales inteligentes que gestionan de forma equivocada, y crean a su alrededor equipos insatisfechos que están deseando huir de esos jefes rompe-perlas y machaca-ilusiones.

Talento te necesitamos donde quieras que estés porque no se logra alcanzar sólo a golpe de billetera. En absoluto. Si así fuera las grandes multinacionales, los grandes equipos de fútbol o los grandes partidos políticos monopolizarían todo el talento y vemos que no es así. No es su prerrogativa en exclusividad. También el equipo de fútbol aficionado o el grupo musical creado por unos amigos puede estar lleno de talento y escasísimo de dinero.
 
 
Talento te necesitamos donde quiera que estés porque generas compromiso. Las personas que en su ecuación vital contemplan las variables de competencia y voluntad, trabajan por lograr resultados que les vinculan a sus organizaciones, y son a su vez capaces de vincular a otras personas. ¡se trata ni más ni menos de liderazgo!

Talento te necesitamos donde quiera que estés porque marcas el camino, dibujas la estrategia que otros debemos seguir.

Talento te necesitamos donde quiera que estés porque imprimes coraje, energía y seguridad, ofreces alternativas, valoras a las personas y trabajas a su lado.

Talento te necesitamos donde quiera que estés...
 


May Ferreira





   Suscríbete al Newsletter




Únete a la comunidad y recibe en tu correo el mejor contenido.



Más de 7.000 Suscriptores ya lo han hecho.


Publicado el martes, 9 de septiembre de 2014 a las 23:56 por Unknown

Ningún comentario

jueves, 4 de septiembre de 2014

He vuelto a releer algunos párrafos del libro “Solo a los bebés les gusta que les cambienJose Manuel Gil (Deusto). Y si siempre me he centrado en concebir los cambios desde un punto de vista de las organizaciones, hoy que he estado con mis amigos pasando el día en la playa y hemos hablado de lo que nos ha pasado y lo que últimamente nos ha hecho cambiar algunas de las cosas que creíamos que nunca cambiarían,  he pensado en los cambios desde otro puntos de vista. ¿Cúanto se puede cambiar?, ¿en qué realmente cambiamos? ¿qué es lo que nos hace cambiar? ¿Se vuelve siempre a los mismos hábitos?.

 

 

Cambiar es difícil, ni siquiera una gran crisis personal facilita algunos cambios; cuales son las piezas que hacen que parte de nuestras conductas personales o de relación se modifiquen. Por qué un acontecimiento te hace reflexionar sobre  conductas poco efectivas y pasados unos meses volvemos a ejecutarlas. ¿Por qué una pareja sufre una crisis y las primeras semanas se cambian las formas, se deja de discutir, se invierte más tiempo en el otro y pasados tres meses las cosas vuelven a como eran semanas antes. ¿Por qué sabiendo y siendo conscientes que hay hábitos poco saludables nos cuesta abandonarlos?, ¿por qué reconociendo que actuar de cierta forma pasado el tiempo nos hace sentirnos mal, sin embargo no dejamos de actuar así?.
 
Asumir la necesidad del cambio es complicado ya que implica afrontar nuevos retos y procesos de aprendizaje, se necesita tiempo, paciencia y un amplio conocimiento de uno mismo.

Quizás la clave esté en no solo querer o tomar la decisión sino en los tres procesos necesarios vinculados a ella.
 
Las tres A

Aceptación emocional

La simple idea del cambio suele venir acompañada de un sentimiento de miedo y resistencia. Nos damos cuenta de que vamos a dejar atrás la comodidad y los hábitos a los que estamos acostumbrados para adentrarnos en un territorio desconocido. Aceptar la incertidumbre y gestionar las emociones que giran alrededor de ese miedo constituyen el primer paso a dar en el proceso de cambio que vamos a emprender.


Análisis
Cada uno de nosotros solemos hacer valoraciones de nosotros mismos basándonos en creencias y aprendizajes que se han consolidado a lo largo de nuestra vida, de nuestra formación, de nuestro trabajo y de las personas con las que nos hemos vinculado, relacionado o lo estamos haciendo.
Para poder empezar a cambiar es preciso realizar un ejercicio de deconstrucción de nuestra propia identidad vinculada a acciones y creencias conscientes y menos conscientes para así poder llegar a entender qué significado tiene para uno mismo parte de lo que hacemos, a fin de cuentas dar respuesta a la pregunta ¿qué significa ser lo que soy y hago?


Alcanzar un conocimiento profundo de nosotros mismos es clave para rediseñar nuestra carrera profesional, nuestra forma de relacionarnos, de entendernos con los otros, con nuestra pareja, padres, jefes, compañeros, amigos.... En definitiva de vernos y sentirnos de otra forma. Solo así podremos reorientar nuestras capacidades y aptitudes, que ahora queremos  desempeñar.


Ambiente
Una vez que ya hemos dominado el miedo y somos conscientes de nuestras capacidades, el siguiente paso consiste en conocer el entorno, reevaluar las formas en que se relacionan con nosotros, reorientar las antiguas y anticipar e interactuar  para ajustar los cambios que puedan darse en un nuevo escenario de mayor efectividad. En este proceso de reorientación o rediseño, es fundamental interaccionar con este entorno de otros modos y crear nuevos patrones que nos vayan a permitir adaptarnos a la nueva realidad que deseamos.
 
Siguiendo con el tema de la playa, tumbados en las toallas, bastante relajados tomando el sol, hablamos de conocidos de hace mucho tiempo y otros de menos tiempo. No solo si había más arrugas y menos elasticidad, en todos, en nosotros principalmente.
 


Empezamos con algunas maldades tengo que reconocerlo, preguntándonos si aquella que llevó pantalones cagados y el pelo sucio con una cinta vieja de estrellas negra para recibir a una visita ... ahora se había convertido después de ir al psicólogo en una mujer fina y elegante que se pintaba, sin salirse, las uñas de los pies abandonando la vulgaridad cuando hablaba. Si ese matrimonio con el que comimos pasta en un restaurante cerca del mar, que se faltaban el respeto en público y se criticaban llamándose aburridos...y otras cosas, se habían convertido en una pareja amorosa que se mimaba. Si aquel que jamás cocinaba, machacaba ahora los ajos como un autentico chef. Si el que a penas despegaba los labios, nos hacia relatos interesantes sobre el reciclaje, y si por fin aquel que siempre argumentaba todos sus razonamiento con fórmulas matemáticas, decía ahora alguna vez “eso no lo sé”...

 

Entre risas y comentarios cada vez más locos, casi al final  una de mis amigas que había sufrido un año de muchos cambios, algunos muy dolorosos me dijo: Yo he llegado a la conclusión de que si... algo no me gusta, intento cambiarlo y si no puedo hacerlo, lo que hago es cambiar de actitud y puede que de deseos".
¡¡Qué inteligente me pareció en ese momento!!!, cambio de actitud. 

El mejor momento para plantar un árbol fue veinte años atrás. El segundo mejor momento es ahora...lo dejo en la mesa para pensar.

Mila Guerrero
http://humanrecblog.wordpress.com/

Publicado el jueves, 4 de septiembre de 2014 a las 18:10 por Unknown

Ningún comentario