martes, 31 de marzo de 2015









Publicado por May Ferreira.
Executive Manager de R&H Talento y Personas


A lo largo de la historia son numerosas las revoluciones que han vivido diferentes generaciones y todas las culturas. Y todas han supuesto una ruptura con lo anterior y un enorme salto, en ocasiones, sin red conocida. En este momento sentimos estar viviendo un momento único, vertiginoso, caracterizado por la velocidad de los cambios y unos perfiles profesionales cada vez más preparados y conocedores de múltiples disciplinas. Es la era digital.


Sin embargo si echamos la vista atrás son impactantes también algunos de los cambios e innovaciones ocurridos en otras épocas. Pensemos en la revolución industrial, que supuso el salto de una producción y consumo artesanal a un consumo masivo a través de la incorporación de la maquinaria. ¡qué transformación tan enorme en la sociedad! ¿y qué me decís de la llegada de Neil Amstrong a la luna o la imprenta de Gutenberg que permitía editar y publicar libros para hacer del conocimiento algo universal? ¡o la penicilina de Fleming que tantas vidas ha salvado? 

El cambio no lo hemos inventado nosotros. La humanidad está en permanente metamorfosis, experimentando transformaciones e innovaciones constantes. Casi de forma constante oigo que nuestra era es la del giro más brutal, la del cambio más absoluto. Entiendo que lo sentimos así porque es la que nos ha tocado vivir y admito que la generación de nuestros hijos es la de la inmensa pirueta digital. Si ya mi generación es la del impulso tecnológico, los jóvenes de ahora, los denominados “millennials” son los autores de una verdadera acrobacia.

¡quién no recuerda la famosa película Casablanca y la frase de Humpfrey Bogart: “tócala otra vez Sam”. Esta prole de la que hablo la toca constantemente, pero no la pieza al piano, sino la tecla. Son la gente de los teclados, de lo digital, hacen auténticas coreografías con los dedos. Desde bebés aprenden a hacer el movimiento que requiere un móvil o una Tablet para pasar de pantalla antes que a pedir agua o llamar a mamá. Eso hace Hugo, Daniel, Pablo, Alejandro, Lucía, María o Daniela. Esos niños que cuando empiezan al cole tienen ordenadores para hacer ejercicios y profundizar en el aprendizaje o pantallas interactivas para ayudar al estudio de un idioma. Son esos mismos los que desconocen para qué sirve una agencia de viajes porque los billetes de avión o los hoteles se reservan en internet. Son Jorge, Martina, Julia o Alvaro que cuando se van a hacer un intercambio fuera de nuestro país están permanentemente conectados con sus padres por Skype, wasap o cualquier otra aplicación. Es esa misma generación que está acostumbrada a acceder a muchas cosas de forma gratuita a través de la red : herramientas, contenidos, información, contactos, etc.

Mi sobrino veinteañero, ingeniero, cerebrito y formado como lo tienen que estar ahora para ser competitivos, desarrolló en su proyecto final de carrera una aplicación para ayudar a los pacientes de daño cerebral sobrevenido a recuperar sus funciones básicas. ¿sabéis cómo? Pues a través del móvil, ese aparato que se ha universalizado y que se ha convertido en imprescindible. 

“Tócala otra vez Lucía, Hugo, Daniel” y “tócala siempre”, pero ¿qué más nos tendrá reservada esta era digital?

Ese aprendizaje que es innato en los millennials ha dado lugar a una interesante herramienta de desarrollo y aprendizaje, que es el Reverse Mentoring, que pone patas arriba el status quo tradicional, e invierte los roles. Son los jóvenes tecnológicos y digitales hasta la médula los que nos enseñan a los que gozando ya de cierta seniority en lo profesional somos algo más ignorantes en lo digital.

Tócala otra vez para mí, Sam”, “enséñame a tocarla”.

May Ferreira



Publicado el martes, 31 de marzo de 2015 a las 1:28 por Unknown

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viernes, 27 de marzo de 2015



Mi experiencia en la implantación de programas de “Gestión del tiempo y productividad” me ha llevado a dos claras conclusiones: Es unánime la preocupación de trabajadores y directivos reflejada en la expresión “no tengo tiempo”; y son muy “agradecidos” (si me permitís expresión tan coloquial) dichos programas. El motivo del éxito de éstos es la convicción de la importancia del tiempo en la vida actual. Son también numerosas las personas que afirman que “el tiempo es oro”, aunque yo creo que el tiempo es vida. Y la vida es lo más valioso que tenemos. De modo que no es cuestión baladí empezar a distinguir entre lo importante y lo urgente.

Una adecuada gestión del tiempo es así mismo un ejercicio de respeto por los demás: su tiempo es tan valioso como el mío. Y es un elemento a tener en cuenta en la productividad de un equipo. Una correcta planificación del tiempo y sus prioridades, se traduce en una competencia técnica y profesional altamente reconocida en las organizaciones.

Según datos de un estudio al que nos referiremos posteriormente, a pesar de dedicar a nuestro trabajo una media que supera las 9 horas diarias,  nuestra productividad real apenas alcanza las 6 horas. Y esta situación debe ser objeto de un concienzudo análisis. Porque antes de planificar hay que averiguar en qué estoy empleando mi tiempo y cuánto me reporta esa utilización.
Ese imprescindible análisis sobre a qué dedico mi tiempo lleva aparejado algunas recetas infalibles:
Ocupar las horas más productivas del día en las tareas que requieren más esfuerzo, concentración o capacidad cognitiva. Eso depende de cada uno de nosotros, pero en general las primeras horas de la mañana, si van precedidas de un sueño reparador, suelen ser las idóneas. Porque ese es un elemento importante: la falta de sueño o la duración inadecuada de nuestras horas de descanso incide en nuestra capacidad de rendimiento. Y ya lo hemos dicho antes, de poco me sirve estar en mi puesto de trabajo diez horas si apenas rindo cinco o seis. Eso sólo contribuirá a agotarme física y mentalmente.

Las horas son las mismas para nosotros que para grandes directivos, investigadores, científicos o empresarios. No nos engañemos. El problema no es “me falta tiempo”, es que tengo un cierto lío con mis tareas y su jerarquización.
¿Trabajas por impulsos o te preocupas por fijar objetivos? Anuales, mensuales, semanales, diarios…. Pues esa tarea es ineludible, y cuando hayas interiorizado que hay que hacerlo ya no podrás vivir en el caos y la improvisación
Un estudio sobre Tiempo y Productividad publicado por Work Meter confirma, por ejemplo, que consultamos el mail unas 35 veces al día lo cual supone la cuarta parte de nuestra jornada laboral!!!!! Las interrupciones están entre las 50 y 60 diarias y lo más grave es que tras ser interrumpidos necesitamos entre 2 y 3 minutos para estar de nuevo concentrados al 100%. Según ese mismo estudio,  el coste de todos esos ladrones de tiempo está valorado en más de 8.000 euros por empleado y año. Los datos hablan por sí solos.
Inadecuada gestión del mail, pérdida de tiempos en reuniones poco fructíferas, compañeros que nos interrumpen sin descanso. Y todo esto sin haber mencionado todavía cómo nuestro trabajo invade otras esferas de nuestra vida que deberían estar más protegidas. Que tire la primera piedra quién no atiende llamadas desde su casa después de la cena, quien no mira de cuando en cuando el mail los fines de semana como si el futuro de la Empresa dependiera exclusivamente de nosotros o quien se ha levantado de una comida o ha salido de un curso para atender una llamada.  
Otro ladrón de tiempo, aunque este de tipo interno, es la actitud de procastinar (es decir aplazar, postergar algo que tenemos que hacer) y que tampoco nos ayuda. Este ladrón de guante blanco viene muy determinado por nuestra actitud ante el trabajo y nuestra personalidad. En este caso, si un comportamiento procastinador nos perjudica hay que echar mano del sabio refranero español “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”.

Planificar y visualizar con anticipación la globalidad de nuestras tareas nos permitirá centrarnos en el core business de nuestra actividad, desechando las tareas improductivas o delegables.

Planteo también para la reflexión un estudio de la Universidad de Stanford que explica las disfunciones que genera la llamada “multitarea” (atendemos varios temas a la vez y todos con alta exigencia), disminuyendo nuestra capacidad de concentración y la calidad del trabajo realizado, al existir muy poca orientación al detalle. Ese estudio afirma que la multitarea es sólo un recurso en casos especiales, pero no un modo de trabajar adecuado. Y sin embargo miro a mi alrededor y me parece estar rodeada por muchos y muchas multitareas permanentes. ¿Estaremos poniendo el foco en el lugar equivocado?

Otro error bastante común es la asignación mal calculada  de tiempos a los trabajos que tenemos encomendados y que debería ser lo más realista posible, para evitar la Ley de Parkinson que dice “se tarda tanto en terminar un trabajo como tiempo se tiene para ello”.
Por último me gustaría recordar la necesidad de reservar momentos para pensar y reflexionar. No sólo hay que ejecutar. Pensar nos permite innovar y mejorar, elementos básicos de la competitividad.

Y cuidado, revisa tu personalidad y tu forma de actuar. Si tienes un perfil controlador o paternalista, lo tienes un poco más difícil. Tus jornadas podrán ser muy largas si necesitas supervisar en todo a tu equipo porque no te fías de ellos o porque asumes tareas que no son tuyas.

Yo valoro enormemente mi tiempo y me gusta ser su dueña. Es bueno para mí y para los que me rodean. Y tú, ¿quieres ser dueño de tu tiempo?

May Ferreira





Publicado el viernes, 27 de marzo de 2015 a las 9:32 por Unknown

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lunes, 23 de marzo de 2015

Es posible entrenar la gestión de las emociones. 
Esa adecuada gestión se convertirá en una útil herramienta vital.

Descubre las 9 claves para identificar y gestionar las EMOCIONES.




Juan F. Bueno


Publicado el lunes, 23 de marzo de 2015 a las 0:08 por Unknown

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sábado, 21 de marzo de 2015

Llevamos varias sesiones un cliente y yo trabajando para reducir sus conductas obsesivas y de ansiedad que le tienen bastante desajustado emocionalmente.



Cuando el viernes  estaba recogiendo las cosas del despacho para irme a casa, he recibido un sms de un amigo dándome una noticia sobre la nueva pareja de su exmujer y hablándome con una buena carga de ansiedad y reiteración sobre lo que debería haber hecho mejor muchos meses atrás. Y volviendo a casa caminando he visto a una joven con el móvil en la mano gimoteando mientras decía … “no lo he hecho muy bien…”.

Creo que no estamos acostumbrados a oir una frase que tiendo a repetir con frecuencia a este cliente y a casi todos…”todo el sufrimiento y la agitación emocional de la que te quejas son innecesarios y además va contra la ética personal. El coste de provocarse sentimientos de hostilidad, decepción, rabia o tristeza, obsesión y hasta de autocompasión, llevan un coste, un esfuerzo y desperdicio innecesario, ¡qué despilfarro! no solo para ti sino para tu entorno, y además un auténtico sabotaje a la felicidad”.

Recuerdo que esto tambien se lo dije comiendo un día a una persona que estaba sufriendo mucho porque me insistía con cierta desesperación que a quien ella quería, no entendía el sacrificio que hacía alejándose para que no sufriera más, ni todos los que estaban a su alrededor. Yo no dejaba de sorprenderme con aquellas palabras que salían por su boca … “pero es que el niño es aún pequeño”, “pero es que la madre es mayor”, “es que el lio que se va a armar”, “es que el miedo a que luego no resulte todo lo bien que quiero”, “pero es que yo no lo he hecho como debía” …así, seguí escuchando eso de “como no lo he hecho tan bien como podría haberlo hecho, me merezco ahora sufrir las consecuencias…” ¡Qué de irracionalidad había en esa mente tan matemática y analítica que trabajaba con circuitos y conexiones IP!! y parecía que aquel crêpe de espinacas y pollo no la mejoraban en nada.

Creencias irracionales que dominan nuestra mente. Sentimos como pensamos.

Pensamientos saludables o insensatos generan sentimientos de ese calibre. No nacemos con pensamientos, sentimientos ni conductas específicas, las aprendemos, y las aprendemos de nuestro entorno más cercano. Y es más, podemos observarlos, revisarlos y modificarlos.

PRIMERA CREENCIA PARA SABOTEAR  LA FELICIDAD

“Siempre tengo que actuar de una manera competente”




De lo menos realista este pensamiento. Como ser humano con cierta capacidad de elección, optas, escoges y a veces mal, la fiabilidad de una decisión “nunca” es “siempre” certera, ni en la ciencia ni en ningún otro campo, ¿por qué exigírtelo entonces a ti mismo?. Siento comunicar que es bastante ilogico pensar que eres sobrehumano y puedes ser siempre competente en todo, no lo eres. Es más, así siempre te exigirás más y te cargarás de más ansiedad poco a poco para ser cada vez más competente y llegarás a un estado de desajuste emocional por ese camino.

¿Demuestra esta creencia que por tenerla obtendré buenos resultados?, pues no, lo siento mucho pero no, aunque actúes siempre de forma competente puedes obtener malos resultados, porque otros pueden a pesar de todo tener celos de ti, intentar hacerte daño, comportarse de forma muy desajustada o injusta, dañarte y hasta castigarte, y además no comprender o compartir los mismos criterios de buenos resultados o pueden no ser conscientes de esa eficiencia y esperar otros finales que les vengan mejor.

A mis clientes siempre les digo que revisen esta creencia que se convierte en  el caldo de cultivo de su malestar o sufrimiento, y que sigan estas pautas de análisis:

¿es realista esto que pienso?
¿es lógica esta creencia?
¿puedo demostrarla o puedo falsearla?
¿tiene sentido mantenerla?
¿demuestra esta creencia que el universo tiene una ley de merecimiento o inmerecimiento?
¿seré menos feliz si la mantengo?….

Aquella conversación que tras el crêpe de espinacas finalizó con una tarta de queso y un comentario mío de: ¡Que ganas de sufrir tienes hoy!, ¿has pensado que quizás eso que dices que es lo adecuado, lo que debe ser, otros pueden pensar que es una idiotez, y están esperando una cosa distinta?.

Apartó el plato con la tarta, dejó la cucharita y con un suspiro muy profundo soltó: ¡Ay que lío tengo entre lo que quiero hacer y creo que debo hacer!. Y llamando al camarero pidió sorprendentemente una gaseosa, yo esperaba como mínimo algo más contundente que le hiciera entrar en razón.


Dejo en la mesa para pensar …  no hay escusas para no hacerlo y ser más feliz.

La suprema felicidad de la vida es saber que eres amado por ti mismo o, más exactamente, a pesar de ti mismo. (Víctor Hugo)

Mila Guerrero
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Publicado el sábado, 21 de marzo de 2015 a las 21:58 por Unknown

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domingo, 8 de marzo de 2015

Se celebró ayer el Día de la Mujer Trabajadora y transcurrió el día con protagonismo absoluto de las reivindicaciones femeninas en las noticias de radio, prensa y televisión e incluso las charlas entre amigos y familias. Reclamar la igualdad de derechos entre mujeres y hombres; acabar con las diferencias salariales entre unos y otros o lograr implicar a los hombres de la misma forma e intensidad que las mujeres en las labores del hogar parecen peticiones justas y oportunas.

 Pero no quiero escribir un post en ese sentido. Ya lo hacen en un día tan señalado plumas ilustres y poco o nada podría yo añadir. Mi grito silencioso va en otra dirección. Estoy firmemente convencida que el talento no es una cuestión de sexo. Lo es de poner voluntad, pasión, conocimiento y actitud en un mundo tan competitivo y complejo como éste que nos ha tocado en suerte.

Esta misma semana veía en la televisión un estudio que ponía de manifiesto que las chicas son más estudiosas que ellos. Dedican más horas al día; se concentran más y obtienen mejores resultados. Sin embargo, la paradoja (o tal vez no) es que las mujeres ganamos menos, tenemos menor presencia en los puestos directivos de las empresas y nos vemos obligadas en ocasiones a optar por nuestra vida profesional o familiar. Algunos acontecimientos, intrínsecamente femeninos como la maternidad suponen un freno en las aspiraciones laborales. También nos ocupamos en mayor medida de nuestros mayores. 
No voy a hacer ningún alegato feminista sobre nuestras cualidades. No me gustan los extremismos ni determinados clichés que nos describen. Huyo de ciertos tópicos que por generalistas no nos definen, no obstante estoy firmemente convencida que nuestras habilidades y determinación nos permitirán llegar allá donde nos propongamos. Hace unas semanas oía una noticia sobre el puerto de Cádiz y un grupo de mujeres que habían organizado una protesta porque nos las dejaban acceder a los puestos de estibadoras en el puerto. Ellas alegaban estar preparadas para enfrentarse a un trabajo duro, que requería fortaleza física y aguante. Cierto que parece ardua tarea, pero si unas mujeres se sienten capacitadas para esos puestos, ¿quién está legitimado para afirmar que son incapaces de asumirlos?

He conocido mujeres robustas, enérgicas, briosas y capaces de echarse a los hombros, literalmente asuntos importantes y complejos. Dirigir una empresa, atender a su familia o bajar a una mina. Y, al contrario, también he conocido hombres poco briosos, carentes de empuje y vulnerables. Mujeres, hombres y viceversa. No es una cuestión de sexo. Se trata de deseos, de luchas, de intensidad, de ganas de cumplir los sueños de unos y de otros. Y en ese camino hay dificultades y retos para ambos. De verdad que las mujeres somos capaces de realizar esfuerzos hercúleos por aquello que amamos o anhelamos. Y de igual forma lo harán los hombres. No es cuestión de sexo, el talento recae en personas. Las mujeres somos tenaces y acérrimas para cuidar y guiar a nuestros hijos y creo que los hombres que aman de verdad, pueden ser igual de férreos. En mi vida he visto mujeres y hombres solidarios y generosos, preparados para su futuro y con ganas de crecer y desarrollarse. Y en ambos sexos he visto también mezquindad y egoísmo.

El talento femenino o masculino potencia alguna de esas cualidades tal vez innatas en uno u otro sexo. Así vemos más mujeres en puestos relacionados con los recursos humanos, la sanidad o la publicidad (sensibilidad, intuición) y más hombres en procesos industriales, directivos o financieros (analíticos, racionales). Pero ninguno de ellos excluye la posibilidad contraria.

Para que el talento se desarrolle es preciso contar con personas con grandes capacidades para adaptarse al cambio, flexibles, que pueden trabajar en entornos multiculturales, proactivos ante el cambio y resistentes a la frustración y al estrés. Y en cada caso encontraremos profesionales adecuados, con independencia de que lleven tacones y falda o traje y corbata. ¡Fuera prejuicios y estereotipos!
En una ocasión, durante la asistencia a curso (en esta ocasión yo recibía el curso, no lo impartía cómo es habitual en mi), el formador nos contó la siguiente anécdota: “un hombre que trabajaba muchas horas al día, al finalizar su jornada laboral se dirigía a una casa. Llamaba a la puerta y le recibía una mujer rubia, guapa, vestida muy sexy. Olía de una forma embriagadora y estaba vestida con un escueto vestido negro de cuero que dejaba al descubierto unas piernas largas y bien torneadas. La mujer le ayudaba a quitarse la camisa y la corbata, ponía música romántica y servía dos copas, una para el hombre y la otra para ella”.

En la siguiente escena el mismo hombre, cansado tras su jornada laboral se dirige a una casa en la que le recibe una mujer de aspecto afable, sonriente, sencillamente vestida y con un agradable olor a café recién hecho. Toda la casa desprendía un apetitoso aroma a guiso casero. La televisión estaba puesta y la mujer tenía una alegre conversación sobre todo lo que había hecho durante el día. Animó al hombre a ponerse cómodo y pasar al comedor porque la cena ya estaba servida.

Todos escuchamos con atención pensando cuál sería la explicación sobre la anécdota. Parecía innecesaria porque todos ya sabíamos que representaba cada mujer en la vida de aquel hombre. Su amante y su esposa.

Tremendo error. El formador nos aclaró el daño que pueden hacer nuestras creencias, nuestras ideas pre concebidas y determinados clichés.

La rubia explosiva era su esposa y la mujer cariñosa y de aspecto sencillo era su amante.

Nunca creas a ninguna mujer incapaz de nada. Ni a un hombre. Sólo hace falta tener habilidades y deseos.

May Ferreira


Publicado el domingo, 8 de marzo de 2015 a las 23:17 por Unknown

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miércoles, 4 de marzo de 2015

Los que no somos nativos digitales encontraremos en el Reverse Mentoring una útil herramienta, ya que en la mayoría de los casos los Mentores serán más jóvenes que nosotros.
Juan Bueno




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Publicado el miércoles, 4 de marzo de 2015 a las 23:17 por Unknown

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El viernes iba en el metro y encontré asiento. Cuando me senté, miré a quien estaba a mi lado y las dos personas que charlaban animadamente me hicieron prestar atención a una frase que despertó mi curiosidad y me obligué a intentar escuchar, al menos la parte de la conversación que me fuera posible, hasta mi parada o la suya. 
 
 
“La odio” dijo, “No me extraña” contestó quien acompañaba en ese viaje.
 
Este viaje con muchas estaciones tenía toda la pinta de muy interesante. Veréis parece ser que…. Odiaba a quien había podido quitarle su sitio, y no me refiero al del vagón, aunque es difícil a esa hora encontrar uno, era a quien consideraba se había entrometido en su coto y acercado a la persona marcada como suya, de su propiedad y tenía ahí desde hacía tiempo y así tenía que ser y que no se le ocurriese de otra forma (decía con vehemencia). Por lo visto nunca pensó que pudiera aparecer alguien que se atreviera a cruzarse en su camino y cuestionar la forma de pensar, hacer o vivir. Encima se había atrevido a proponer alternativas que parecían mejores a las suyas.
 
Evito contar la serie de escenas que describía con todo lujo de detalles, que eran interesantísimas, al menos a mi me lo parecieron desde la tranquilidad y el silencio de mi asiento de espectadora. Lo interesante era ver como la emocionalidad y exageración al describirlas le hacían perder capacidad de análisis e incrementar la desproporción en sus respuestas y reacciones, en su voz, en sus gestos, al buscar y cuantificar a sus aliados. Las descalificaciones de algunas conductas de a quien odiaba, que cualquiera hubiera dicho que eran bastante normales, las comparaba con esos "realities" raros de televisión americanos que luego copiamos aquí, nada creíbles, buscando solo como herir y humillar. Al deseo de venganza a cualquier precio, que claramente le robaban la paz y que a veces rayaba en lo cómico, le ponía un punto más propio de un vodevil de Lina Morgan, que de una persona sana. El resentimiento teñido de ira, envolvían todo el relato, eso si, con más sufrimiento y menos sosiego de los que reconocía y con bastantes matices de tiranía y asimetría.
 
Y es que de las emociones, quizás la que más daño nos hace, es la ira y el sentimiento de odio que a veces genera. La capacidad de gestionarlas es uno de los elementos necesarios para nuestro bienestar emocional. Dar rienda suelta y/o reprimir esas emociones y sentimientos negativos  no resuelven nuestros conflictos emocionales, la resolución viene a través de ver qué es lo que realmente me ha afectado en mis creencias o valores, a qué tengo miedo y en qué parte actué nutriendo elementos de esos sucesos.
 
La clave de aquella conversación que seguía estación tras estación, estaba en descubrir qué era lo que realmente  tanto le afectaba, ¿se trataba de lo que podían opinar los demás? o ¿cómo se comportaban al conocerlo?, era en realidad ¿cómo impactaba eso de forma realista a su vida, a su futuro?, o quizás era el miedo a perder el control y la potestad sobre los personajes. A mi me parecía que reconocer que no había tenido razón desde el principio y por tanto su falta de objetividad y respeto con todos le habían llevado a ese vagón. Confieso que tuve ganas de preguntarlo, pero me contuve, aunque mi cuello notaba la tensión de la contorsión necesaria para seguir escuchando.
 
El odio se genera en el mismo punto del cerebro donde se produce el amor, de ahí la dificultad que tienen muchas parejas para distinguir si se odian o se aman.
 
Aún cuando el amor o el odio tengan una base emocional, son una elección, una decisión personal que emana del carácter de la persona ( valores, experiencias y aprendizajes). Jaume Scoler y M. Mercé Del Institut D´ecología emocional escribieron que: ”El odio no es un sentimiento que aparezca de repente. Uno tiene que dedicar mucho tiempo a su elaboración. Casi podemos decir que pide dedicación exclusiva y puede llegar a teñir con sus colores todos los ámbitos de la vida de quien odia”.
Esa dedicación exige que la persona se focalice en los pensamientos que justifican la elección de odiar. En muchos casos se intenta racionalizar a través de la búsqueda de argumentos que intenten dar congruencia y que avalen esa actitud. Pero el odio racionalizado y justificado con argumentos no deja de ser odio.
 
Así el odio, la ira o la hostilidad que le acompaña se convierten en pasiones que inevitablemente nos consumen mucha energía. ¿Inevitablemente?
 
 
La clave de anular ese inevitablemente pasa por:
-Evaluar los puntos de la autoestima que han sido dañados para tratarlos.
-Incrementar creencias asociadas a la tolerancia hacia las decisiones y/o errores ajenos y propios.
-Utilizar herramientas de cambio de observador, distanciandonos de los “palmeros” que nos dan la razón y acercándonos a personas que nos pueden hacer ver las cosas de otras maneras. A veces disculparse es el camino.

-Deconstruir los argumentos irracionales que han cimentado esa emoción y reducirlos al absurdo.

Se levantaban, seguían hablando y solo pude escuchar “sigo controlando cada día, como se le ocurra…” las puertas se cerraron y no pude oír el final, al levantar la vista un joven con mochila a la espalda se cruzó conmigo la mirada y sonriendo dijo …”no se entera aún de lo que ocurre, no se entera ni del por qué, ni quien es realmente quien, está obcecada, ¡¡pobre mujer!!”
 
No pude dejar de asentir. Oí por los altavoces, “próxima estación Avenida de América”, tenía que bajarme, pero seguramente esa historia continuaría para sus protagonistas principales.
 
 
Dejo en la mesa para pensar que … es posible que en realidad la gente odie a quien le hace sentir su propia inferioridad.
 
Mila Guerrero
 
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Publicado el a las 22:04 por Unknown

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Hace unos meses impartiendo un curso a un grupo de directivos sobre “eficacia y adecuada gestión del tiempo” surgió un interesante debate que traigo a colación para hacer una reflexión sobre el modelo de comportamiento al que yo personalmente llamo “Triángulo malvado de Karpman”.

En efecto, en ese taller, varias de las directivas (remarco que se manifestaba más en las mujeres asistentes que en los hombres), se quejaban amargamente de no alcanzar a cumplir todas sus responsabilidades: “tengo tantas cosas que hacer y no me llega el tiempo”. Les animé a hacer un análisis de todas aquellas tareas que asumían para descubrir dónde estaban las dificultades, ya que el tiempo es el mismo para todos. Como decía un jefe mío “el día tiene 24 horas, pero si te levantas a las 6, tiene 25”.

Lo que se manifestó como elemento común en aquellas que presentaban un elevado nivel de estrés por asumir demasiadas tareas es que algunas de las que provocaban esa sobrecarga, no les correspondía hacerlas a ellas. Así fui descubriendo que una asumía todas las llamadas que tenía que hacer su madre a médicos para organizar sus citas, a la peluquería para pedir hora o al supermercado para que le subieran la leche. Cuando le pregunté si su madre estaba incapacitada o tenía algún problema cognitivo su respuesta fue: ”de cabeza está perfecta, pero es viuda”. No me sorprendió en exceso su respuesta porque esa misma directica confirmaba atender el móvil cuando la llamaba su jefe a las 22h30, aunque estaba acostando a sus 3 hijos de corta edad.

Comprendí que esa persona estaba fuertemente orientada a complacer a los demás, y anteponía a ello sus propias prioridades. Parecía contrariada, frustrada y sumamente cansada.
Decidí compartir con todos ellos el modelo de Karpman que ahora os expongo, porque algunas otras personas, por circunstancias diferentes expresaban un malestar similar.

En el Triángulo de Karpman hay 3 roles: Víctima, Salvador y Perseguidor. Cuando entramos en esa relación dañina podemos ir alternando cada uno de esos roles.
Porque en este caso nuestra directiva asumía el papel de Salvadora. Ese perfil es el de una mujer que prestando ayuda asume más funciones de las que le corresponden, y probablemente se queja de la cantidad de esfuerzos que tiene que hacer. “Abusan de mi generosidad”, suelen pensar los salvadores. Esa forma de ayudar representa la necesidad de sentirse superior.
Esta actitud resulta nociva para la Víctima (la madre, viuda), que a pesar de estar en plena posesión de sus facultades deja que sea su hija la que hace un montón de tareas que ella podría asumir. La víctima se hace así cada vez más incapaz. Son perfiles que suelen actuar desde la culpa y la tristeza y ello les genera una baja autoestima. La víctima lanza en ocasiones mensajes o señales de no saber hacer bien las cosas. Pensemos en esas personas en el trabajo que hacen mal una tarea y de forma automática la asume su jefe, provocando la merma en la autoestima del trabajador y la sobrecarga en el jefe, que emplea su tiempo en tareas que debería delegar. La víctima se suele sumergir en un círculo vicioso de resentimiento contra la vida y contra la salvadora, en este caso, que la rescata de su incapacidad.
Otra de las directivas (con una situación similar atendiendo a su madre) comentaba con amargura cómo su madre nunca estaba satisfecha de la ayuda recibida por ella y la comparaba con las hijas de otras amigas suyas, según ellas mucho más pendientes de sus madres. O sea la víctima manifiesta resquemor y la salvadora se siente frustrada. De momento, todos se sienten mal. Es un modelo de relaciones dañino, insano.
La tercera figura es la del Perseguidor/a, que suele responder a un patrón de agresividad, movido en su actuación por satisfacer sus propias necesidades e intereses. El Perseguidor suele ser una persona rígida, poco adaptable y que hace sentir a los demás vulnerables.
Mi denominación de Triángulo Perverso se debe a que esos roles van cambiando, van mutando, y el salvador cansado de salvar empieza a perseguir; la víctima sale de su pasividad y persigue vengativamente y el perseguidor tiene mala conciencia y se dedica a salvar.

Si bien es difícil escapar del triángulo (porque estamos en él de forma inconsciente) es posible dar el salto al Triángulo Ganador abordando las relaciones entre personas adultas con una emocionalidad equilibrada, haciendo uso de la asertividad (diciéndole al jefe que esas horas de la noche están dedicadas al cuidado y la atención de tus hijos, pero lo primero que harás mañana a primera hora es atenderle)  y enfrentando el conflicto y las dificultades con madurez.
Reflexiona con serenidad si en alguna relación de tu vida hay un triángulo perverso y si es así piensa que el salvador se sustituye por el “ayudador empático”; la víctima es capaz y debemos animarla a que lo siga siendo y el perseguidor…. Mejor mantenerlo alejado.

May Ferreira



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Publicado el a las 21:38 por Unknown

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