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miércoles, 4 de marzo de 2015

Hace unos meses impartiendo un curso a un grupo de directivos sobre “eficacia y adecuada gestión del tiempo” surgió un interesante debate que traigo a colación para hacer una reflexión sobre el modelo de comportamiento al que yo personalmente llamo “Triángulo malvado de Karpman”.

En efecto, en ese taller, varias de las directivas (remarco que se manifestaba más en las mujeres asistentes que en los hombres), se quejaban amargamente de no alcanzar a cumplir todas sus responsabilidades: “tengo tantas cosas que hacer y no me llega el tiempo”. Les animé a hacer un análisis de todas aquellas tareas que asumían para descubrir dónde estaban las dificultades, ya que el tiempo es el mismo para todos. Como decía un jefe mío “el día tiene 24 horas, pero si te levantas a las 6, tiene 25”.

Lo que se manifestó como elemento común en aquellas que presentaban un elevado nivel de estrés por asumir demasiadas tareas es que algunas de las que provocaban esa sobrecarga, no les correspondía hacerlas a ellas. Así fui descubriendo que una asumía todas las llamadas que tenía que hacer su madre a médicos para organizar sus citas, a la peluquería para pedir hora o al supermercado para que le subieran la leche. Cuando le pregunté si su madre estaba incapacitada o tenía algún problema cognitivo su respuesta fue: ”de cabeza está perfecta, pero es viuda”. No me sorprendió en exceso su respuesta porque esa misma directica confirmaba atender el móvil cuando la llamaba su jefe a las 22h30, aunque estaba acostando a sus 3 hijos de corta edad.

Comprendí que esa persona estaba fuertemente orientada a complacer a los demás, y anteponía a ello sus propias prioridades. Parecía contrariada, frustrada y sumamente cansada.
Decidí compartir con todos ellos el modelo de Karpman que ahora os expongo, porque algunas otras personas, por circunstancias diferentes expresaban un malestar similar.

En el Triángulo de Karpman hay 3 roles: Víctima, Salvador y Perseguidor. Cuando entramos en esa relación dañina podemos ir alternando cada uno de esos roles.
Porque en este caso nuestra directiva asumía el papel de Salvadora. Ese perfil es el de una mujer que prestando ayuda asume más funciones de las que le corresponden, y probablemente se queja de la cantidad de esfuerzos que tiene que hacer. “Abusan de mi generosidad”, suelen pensar los salvadores. Esa forma de ayudar representa la necesidad de sentirse superior.
Esta actitud resulta nociva para la Víctima (la madre, viuda), que a pesar de estar en plena posesión de sus facultades deja que sea su hija la que hace un montón de tareas que ella podría asumir. La víctima se hace así cada vez más incapaz. Son perfiles que suelen actuar desde la culpa y la tristeza y ello les genera una baja autoestima. La víctima lanza en ocasiones mensajes o señales de no saber hacer bien las cosas. Pensemos en esas personas en el trabajo que hacen mal una tarea y de forma automática la asume su jefe, provocando la merma en la autoestima del trabajador y la sobrecarga en el jefe, que emplea su tiempo en tareas que debería delegar. La víctima se suele sumergir en un círculo vicioso de resentimiento contra la vida y contra la salvadora, en este caso, que la rescata de su incapacidad.
Otra de las directivas (con una situación similar atendiendo a su madre) comentaba con amargura cómo su madre nunca estaba satisfecha de la ayuda recibida por ella y la comparaba con las hijas de otras amigas suyas, según ellas mucho más pendientes de sus madres. O sea la víctima manifiesta resquemor y la salvadora se siente frustrada. De momento, todos se sienten mal. Es un modelo de relaciones dañino, insano.
La tercera figura es la del Perseguidor/a, que suele responder a un patrón de agresividad, movido en su actuación por satisfacer sus propias necesidades e intereses. El Perseguidor suele ser una persona rígida, poco adaptable y que hace sentir a los demás vulnerables.
Mi denominación de Triángulo Perverso se debe a que esos roles van cambiando, van mutando, y el salvador cansado de salvar empieza a perseguir; la víctima sale de su pasividad y persigue vengativamente y el perseguidor tiene mala conciencia y se dedica a salvar.

Si bien es difícil escapar del triángulo (porque estamos en él de forma inconsciente) es posible dar el salto al Triángulo Ganador abordando las relaciones entre personas adultas con una emocionalidad equilibrada, haciendo uso de la asertividad (diciéndole al jefe que esas horas de la noche están dedicadas al cuidado y la atención de tus hijos, pero lo primero que harás mañana a primera hora es atenderle)  y enfrentando el conflicto y las dificultades con madurez.
Reflexiona con serenidad si en alguna relación de tu vida hay un triángulo perverso y si es así piensa que el salvador se sustituye por el “ayudador empático”; la víctima es capaz y debemos animarla a que lo siga siendo y el perseguidor…. Mejor mantenerlo alejado.

May Ferreira



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Publicado el miércoles, 4 de marzo de 2015 a las 21:38 por Juan Bueno

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La capacidad de innovar de una Empresa se sustenta sólo en la capacidad creativa de los empleados que la forman.




A continuación uno de los mejores cortos de animación donde la Creatividad es su protagonista principal.


Juan Bueno



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Publicado el a las 19:28 por Juan Bueno

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martes, 24 de febrero de 2015

Comunicar de manera eficaz o morir en el intento puede parecer una exageración, pero no lo es. Pocas cualidades se han visto inalteradas con el paso del tiempo o incluso han ganado peso y en la actualidad pueden marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso. Ser un profesional reconocido o simplemente mediocre.
Desde la época de los clásicos la retórica (el arte de hablar con elocuencia) se convirtió en un instrumento decisivo para encumbrar a personas que hacían del discurso casi su signo de distinción (hoy sería algo así como el branding). La evolución de los tiempos ha modificado los modos y maneras de expresarnos, pero sigue siendo una exigencia indiscutible el dominio de unas buenas habilidades comunicativas, no ya para garantizar el éxito, sino simplemente en ocasiones para no estar fuera de un mundo laboral cada vez más competitivo,  exigente y multidisciplinar.
Comunicar con persuasión significa ser capaz de cumplir el objetivo que hay detrás de cada mensaje, presentación o discurso: conmover, convencer, informar, lograr adhesiones. Pero ¿cómo abordar esas competencias que parecen esenciales? En primer lugar dejando de lado nuestras creencias limitantes (a hablar en público se aprende hablando en público; este camino no tiene atajos) y por otro haciendo un trabajo previo de reflexión y orden de ideas, objetivo, mensaje y tipo de audiencia.
Hablar bien en público, requiere previamente pensar bien en privado”. Y para ello hay que acabar con el temor al folio en blanco. Cualquier presentación o discurso debería empezar por responder a unas sencillas preguntas: ¿para qué?, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿quién?

La llave maestra de una comunicación persuasiva eficaz radica en establecer una buena estructura del mensaje, lineal, sencilla de seguir y sobre todo que deja huella en nuestro recuerdo. Sólo de esa forma la audiencia se movilizará a la acción y habremos conseguido nuestro objetivo. Ese discurso debe tener un inicio, desarrollo y conclusión. Como si de una historia se tratase.
Todos los días asistimos a muchas presentaciones mediocres, que fracasan y caen en el más absoluto de los olvidos porque el ponente está más preocupado por sí mismo que por su audiencia. Si el ponente sólo se centra en sus nervios, su preparación y todo lo que rodea a su persona dejará relegado al público. Esa desatención hacia los receptores del mensaje se nota en no cuidar aspectos como hacer un inicio impactante (un video, una cita, un reto, una pregunta retórica), un desarrollo interesante, involucrando a la audiencia y un final memorable (recuerda, se trata de permanecer en el recuerdo). Algunas sillas se pueblan de bostezos y de personas que miran sin disimulo su móvil o su Tablet. Estos son síntomas inequívocos del estado de aburrimiento de la audiencia.


Empatizar con la audiencia exige dos requisitos: investigar cuáles son sus intereses sobre tu charla y comprender y superar las limitaciones que como público o asistentes a una conferencia o curso podemos tener. Piensa cómo te sientes cuando eres oyente y estás sentado al otro lado. 
Esas limitaciones vienen dadas por un lado por el tiempo de que dispones: el tiempo siempre es un recurso limitado y el volumen de información o conocimiento que manejas es muy superior al que podrías “encorsetar” en esa presentación de 30 minutos o una hora. Y por otro está la capacidad cognitiva de la audiencia: por muy inteligente e interesada que esté no podrá absorber grandes teorías ni datos en tan breve espacio de tiempo. El público se ve condicionado por las limitaciones propias de la memoria y su capacidad de procesamiento. De modo que el ponente tiene que hacer el esfuerzo de estructurar y presentar de forma atractiva, impactante y sencilla el mensaje. Algunos autores dicen al respecto: “cuanto más metes en tu presentación, menos saca la audiencia”.
Este es un tema con el que podemos ilustrar decenas de post porque son muchos los aspectos que hay que tratar para lograr persuadir a través de la comunicación, pero sólo citaré un elemento más que dejo como punto de reflexión: las decisiones que tomamos son las propias de seres emocionales, mitad razón y mitad emoción. Por eso las presentaciones que sólo muestran números y gráficos movilizan poco la parte emocional. Los datos dan confianza y seguridad, pero no tienen valor en sí mismos sino se asocian a las historias que representan y sobre todo, tener en cuenta que deben cubrir las necesidades de al audiencia.
Para convencer a tu auditorio necesitas algo más que la lógica, datos y hechos; necesitas la emoción, para desde ahí movilizar a la decisión.
                     
Recuerda, comunicar o morir, y no es una exageración.
Por último, no olvidar un recurso de valor incalculable como es la utilización  de los Mapas Mentales cómo elemento de ayuda y soporte para: No olvidar nada de nuestro discurso y estar pendientes de la audiencia y no de nuestras notas.

May Ferreira



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Publicado el martes, 24 de febrero de 2015 a las 19:30 por Juan Bueno

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sábado, 14 de febrero de 2015

El discurrir de la vida nos hace conocer personas brillantes y humanamente admirables y otras mediocres, soberbias, viscerales, y en definitiva, susceptibles de ser olvidadas y apartadas cuanto antes. Pues bien, la vida, que nos depara de todo, puso en mi camino recientemente a algunas de estas últimas.



Como de todo se obtiene un aprendizaje voy a tratar de hacer un análisis objetivo de aquello que desconocía y ahora como he vivido, puedo contar de primera mano. Estas personas, digamos tóxicas, son una fuente de inspiración para la explicación de conceptos y sentimientos, ya que todo en ellas se expresa de forma exagerado, brutal. Descontrolado. Y además, he podido comprobar in situ que en ellas se exponen de forma nítida algunos tópicos, magistralmente expresados en el refranero español. 

La emoción que he descubierto a través de esta situación profesional ha sido la IRA. En mayúsculas. He podido sentir como esa persona que experimentaba una intensa ira concatena una serie de actividades profundamente estúpidas y cargadas de resentimiento, con dos consecuencias claras: poner en evidencia su personalidad torticera y llevar a cabo una serie de acciones ridículas (prohibiciones, amenazas, carta de un pseudo abogado). Resulta patético el resultado.

Sin embargo lo importante no es mi propia experiencia personal, sólo significativa para mí, sino el análisis de la vivencia, que es lo que quiero compartir desde este post.
La ira es una emoción básica que debemos permitirnos sentir. Produce una desazón y un dolor que de alguna forma se tiene que expresar para no convertirse en dañino y quedarse dentro de nosotros. La dificultad radica en conocer y reconocer esa emoción que nos invade, saber sus causas y a partir de ahí ejercer alguna técnica de autocontrol que nos permita dominarla y gestionarla. Detrás de la ira surge un torrente de energía, que si no sabemos tratar se puede convertir en nuestro peor enemigo, cargándonos de negatividad y hasta afectando a nuestro estado de ánimo y nuestra salud. Ese caudal de energía que lleva a esa persona a colocarse en una situación grotesca y necia se puede transformar en energía positiva que se puede convertir en mi compañera,  mi aliada.
Homans relaciona la ira y la culpa con la violación del principio de justicia.
José Antonio Marina afirma al respecto lo siguiente: “una persona (y por extensión, una cosa) me ha ofendido o ha obstaculizado la realización de mis deseos, lo que me provoca una reacción violenta contra el causante. Si puedo vengarme, la ira se desfoga y vuelvo al estado original. Si no puedo desahogarme, sólo hay tres posibles desenlaces de la historia: olvido, perdono o mantengo viva la irritación”.

En este caso, la ira se encona, se vuelve rancia, y de esta palabra deriva rencor, que los diccionarios antiguos definen como “cólera envejecida”.

Dominar nuestros pensamientos y sentimientos para que no nos perjudiquen claramente es un ejercicio complejo pero muy interesante, que yo misma estoy practicando. Sobra decir que esta situación vivida con esas personas indeseables (en este caso la protagonista es animada o aleccionada por alguna acólita, que le ríe las gracias, le anima y le incita) ha sido para mí una puesta en práctica de todo lo que ahora comento.
Ese trato recibido, ofensivo y provocador, generó en mí unas irrefrenables ganas de respuesta inmediata, tan insolente y desmedida como la que yo había recibido. Pero decidí esperar un cierto “enfriamiento”,  y tratar de gestionar mis emociones. Mi marido, conocedor de la situación me dijo :“Tu perseverancia y tu tesón están mejor empleados en personas a las que admiras y quieres” me dijo, y añadió “escribe unas líneas y analiza cuál es el aprendizaje de esto que has vivido”.
Esta conversación con él me trajo al recuerdo una cita famosa “el aprendizaje es experiencia, todo lo demás es información”. Esa experiencia, aunque ha provocado malestar en mí, se puede convertir en una fuente de inspiración importante para desarrollar conceptos que he conocido en esta persona, y que como decía al principio se pueden explicar con el refranero: “dime de qué presumes y te diré de qué careces”. Empresaria minúscula con dos o tres empleados que, cómo los tanques hinchables de  Sadam Husein en la tormenta del desierto, se multiplican exponencialmente para impresionar a las visitas (autodenominada Directora General); pretendido desinterés hacia el dinero cuando éste desencadena constantemente  auténticas peleas de gatas; soberbia infinita disfrazada de falsa modestia; trato encantador y amable con los clientes y mordaz,  altanero,  humillante y hasta vejatorio con los empleados (salvo con su acólita que le jalea cual palmero, es "la voz de su amo"); mentiras o falsas verdades en torno a su vida privada para proyectar una imagen inexistente y un afán desmedido por controlarlo todo. La persona poseedora de todas estas cualidades se suele ver a sí misma como asequible, orientada a personas, de talante moderado y comprensivo y muy muy profesional. No hay más que añadir. ¿recordáis la Ventana de Johari?. Otra interesante herramienta para explicar cómo nos vemos a nosotros mismos, y cómo nos ven los demás.
Si la ira no te devuelve tu propio reflejo porque el espejo se ha teñido de negro, sacúdete esa emoción, y esa energía conviértela en fuerza de voluntad, decisión y empuje para seguir con tu vida. El espejo volverá a reflejar la luz de tu mirada. Adiós Directora General de tus miserias.
May Ferreira



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Publicado el sábado, 14 de febrero de 2015 a las 19:59 por Juan Bueno

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lunes, 2 de febrero de 2015

Descárgate gratis el ebook sobre Tendencias actuales en Formación de Directivos, Mandos y Técnicos: Nuevos tiempos, nuevos modelos. Aquí

https://nebula.wsimg.com/e52ff6decb9cd4257d798adcb2dec06f?AccessKeyId=566E78B74274A7C0A52A&disposition=0&alloworigin=1



Este ebook nos permite adentrarnos en algunas de las claves que hacen de la Formación un elemento estratégico para la competitividad de las organizaciones.
Muchas de las técnicas y herramientas formativas, que eran habituales hace muy poco tiempo, ahora ya no resultan adecuadas o no producen los resultados esperados.
Las técnicas propuestas en este ebook son el resultado de una profunda reflexión acerca de la eficacia del binomio: esfuerzo realizado versus resultados alcanzados.
Esta reflexión se traduce en un rediseño conceptual de las políticas y  estrategias de Formación, acordes con nuevas generaciones de Directivos, Mandos y Técnicos que se enfrentan a retos cada vez más desafiantes, en entornos muy cambiantes y a gran velocidad y de casi constante incertidumbre.
Estas nuevas técnicas y herramientas se han diseñado para despertar el interés y mejorar los resultados de la Formación, de manera notable y con una inversión en tiempo y dinero, mucho más alineada con los requerimientos y exigencias del momento.
Los nuevos modelos de Management exigen la puesta en marcha de programas eficaces de gestión del Talento que sean capaces de generar ilusión y engagement entre los colaboradores. Algunas claves para el logro de estos objetivos, las podemos encontrar  en torno a conceptos como el Neuromanagement, el Autoliderazgo, el Mentoring o el Storytelling.
Conceptos todos ellos desarrollados en el ebook: Nuevos tiempos, nuevos modelos:  Tendencias actuales en Formación.
Documento de rápida lectura y fácil comprensión cuyo objetivo es invitar a la reflexión a los responsables de desarrollo de talento de las organizaciones sobre el uso más adecuado de las nuevas técnicas formativas existentes hoy en día en el ámbito de la Formación.
Juan Bueno



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Publicado el lunes, 2 de febrero de 2015 a las 19:36 por Juan Bueno

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El país entero está en rebajas. El paisaje urbano se adorna con carteles y publicidad que exponen la excelencia de la reducción de precios y el mantenimiento de la calidad.

Pues no, digamos que es una inexactitud, o una exageración o tal vez una falacia. Y no hablo de ropa y complementos (según la OCU es ahí donde los españoles empleamos los euros que gastamos en rebajas), hablo de algunos elementos o características que me parecen esenciales en las organizaciones y en las que veo más rebajas de las que me gustaría.


Sin duda vivimos, padecemos pero también disfrutamos una época única, llena de dificultades y oportunidades. Tal vez un poco extrema, lo admito, pero es un momento en que se requieren muchas habilidades sociales, ampliamente adiestradas o en su grado de excelencia. Ya ha sido objeto de comentario en posts anteriores que no es la inteligencia ni el buen curriculum el que determina alcanzar el éxito profesional. Hay otros indicadores, como la Inteligencia Emocional o el dominio de esas mencionadas habilidades, mucho más determinantes a la hora de marcar la senda del triunfo o el fracaso.
Pero a pesar de todo lo anterior, aprecio últimamente rebajas en esas competencias imprescindibles, en las que la aplicación de descuentos no son más que un claro perjuicio para las organizaciones y sus empleados. El Liderazgo al 50%, anímese, se podrá llevar un líder un poco sombrío, que jefea más que inspira, que ordena más que convence y cuya orientación a las Personas es similar a la sensibilidad del aparador que preside mi comedor. Pero su precio es la mitad, ¡no se lo puede perder!, animan los luminosos publicitarios. Peor es la oferta de 3x2 de algunos supermercados. Si se lleva dos líderes mediocres le regalamos el tercero. Y lo peor es que esa disminución en el precio va acompañada de una clara aminoración de sus cualidades.
Y esos líderes mermados los colocamos al frente de organizaciones importantes. Mi suegra siempre lo decía: “lo barato sale caro”. Y cuando tienes un jefe tóxico, adquirido en temporada de saldos, la devolución se convierte en complicada.
Las rebajas alcanzan el 70% en productos especiales, como la empatía, la tolerancia al error o la capacidad de plantear objetivos retadores e ilusionantes. Y no importa de quién es la culpa o la responsabilidad (esta palabra me gusta más), lo cierto es que esas tentadoras ofertas llenan los escaparates, cuidadosamente decorados. Craso error. Esas mermas sólo sirven para debilitar el valor de los equipos y la capacidad de liderar de los que están al frente.

Hay competencias en las cuales no vale la moderación, bien al contrario debería primar la exageración, el exceso, la abundancia. La restricción de algunas de ellas aminoran los recursos que tienen las Empresas para hacer frente a un mercado tan rápido como cambiante. No veamos sólo como se desinfla el precio, porque en ocasiones la calidad va a determinar mucho más el futuro, y lo que hoy pagamos con depreciación monetaria y nos parece un ahorro para el bolsillo mañana se convertirá en un menoscabo considerable para nuestra organización.

Me encantan las gangas en un modelito ideal que vi a principio de temporada, o en unos zapatos estupendos, pero en las personas y valores que tienen que formar parte de mi organización prefiero pagar el precio justo, ni más ni menos, y prefiero huir de ofertas que a la larga son onerosas.

Las rebajas, sólo en los grandes almacenes. Para el resto, lo mejor, y de lo mejor, lo superior.

May Ferreira




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Publicado el a las 19:25 por Juan Bueno

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miércoles, 28 de enero de 2015

Por esto de las navidades, se hacen y reciben llamadas de amigos con quien hace tiempo no hablas.


 Hace unas  semanas  me llamó uno al que aprecio mucho  y hacía tiempo no hablábamos. La última vez que estuvimos juntos en verano quedamos en la terraza que hay debajo de su oficina a tomar café a mitad de la mañana. La terraza acristalada nos permitió  uno de esos encuentros tranquilos que hemos tenido algunas veces. Volvimos a hablar de esas cosas que por teléfono se tratan más superficialmente, de los niños, de las notas de los niños, de amigos comunes, de los planes para ese verano, del negocio y de algunas cosas más personales. En nuestra despedida ese día me dijo que su pareja le curioseaba el móvil con frecuencia y había visto el mensaje para vernos y que como siempre está muy suspicaz con todo, que casi era mejor evitar que lo supiera. De acuerdo dije, no te preocupes.

Cuando el otro día volvimos a vernos volvió a insistir: Es mejor que no sepa que hemos hablado, se preocupa mucho pensando que comentamos sus cosas y sufre inútilmente, lo pasa mal y luego lo pagamos todos innecesariamente.

Me sorprendió esta vez  la petición, casi nunca hacíamos referencias a cosas de su mujer, pero no dije nada, aunque si me hizo reflexionar sobre un tema que he tratado en muchos momentos con mis clientes en la consulta.
Buscamos significados en las cosas que vemos, leemos o vivimos en referencia a nosotros mismos y nuestra forma de interpretar el mundo, pero no siempre es así como lo vemos.
El psicólogo Chris Argyris llamó a este proceso “la escalera de la inferencia”, un proceso por el cual, a partir de ciertos datos seleccionados, asignamos un significado a ciertos eventos, y basándonos en nuestras creencias, extraemos conclusiones que guían nuestras acciones. Hacemos estas operaciones diariamente, cientos de veces sin darnos cuenta, y sin darnos cuenta a veces que son errores de interpretación.

 Subo de la planta 2 a la 3 de mi oficina y me cruzo con un compañero con el que ayer en una reunión tuve una discrepancia e inmediatamente supongo que está enfadado conmigo solo porque ayer tuvimos ese desencuentro, y no soy capaz de alejarme de ese pensamiento y buscar la posibilidad entre otros de que puede que no me haya visto.
Una amiga hace un comentario sobre un peinado y pienso que se refiere al  mío, sin pensar que es posible que en su cabeza estén los de otra persona.
Alguien habla de algo o leo una nota de alguien sobre un tema y no me paro a pensar sino que es por mi por quien hacen el comentario, sin ver cinco líneas más abajo que otra persona también se lo ha atribuido, y que puede que no sea ni para una ni para otra, sino una concatenación de detalles de diferentes escenarios que nada tienen que ver con ninguna.
Y esa información en la que nos fijamos está filtrada por nuestros juicios previos. A las personas nos gusta que lo que llamamos “la realidad” sea coherente con nuestros esquemas, con lo que siento y he construido en mi mente durante meses y meses, y esto nos hace inferir que lo que ocurre responde exactamente a ese esquema mental que poseemos, que se ha ido configurando a lo largo de nuestra existencia según nuestras experiencias concretas, miedos, deseos, incidentes etc…, y busco a otras personas que me los refuercen y den la razón dándoles solo aquellos detalles que yo he valorado como certeros.
Una inferencia no es una realidad, sino un simple producto del pensamiento pero al que damos el mismo valor que a la realidad.
El proceso que sigue nuestra mente parte de que:
  1. Seleccionamos de todo lo que ocurre ciertos datos y no todos los que existen.
  2. Interpretamos lo seleccionado y construimos con nuestras palabras una historia que explica el significado que los datos seleccionados tienen.
  3. Nuestra mente explica la situación estableciendo relaciones de causa y efecto.
  4. Se decide cuál es la respuesta conveniente a la situación. Aquí es cuando elaboramos una respuesta emocional para ese momento.
Puede parecer un proceso lineal, pero en realidad es más un proceso circular en donde las emociones generadas en el último peldaño influyen directamente en la selección de datos que vamos a realizar a partir de entonces. Es como arrastrarse por las emociones sin abandonarlas.

El único antídoto contra los malentendidos y enfrentamientos a que da lugar el uso de inferencias es detectarlas tan pronto como aparecen en la conversación y examinarlas despacio, quizás contrastarlas.

Y esto es muy simple, basta con primero reflexionar que se ha detectado una posible inferencia, y segundo, pedir a la persona que emitió cierta información la confirmación de que efectivamente de eso se trata y no de otra cosa. El tercer paso consiste en descender la escalera de inferencias, viendo qué datos se han usado para llegar a la conclusión a examen. Así, se tiene oportunidad de repasar conjuntamente todo y valorar si son incompletos o si se han interpretado de una forma equivocada.

Las implicaciones de esta escalera de razonamiento condicionan lo que hacemos y lo que sentimos. Nuestros actos son la consecuencia de ella. No somos en muchos momentos capaces de encontrar otras maneras de pensar, interpretar o preguntar, de hacer valoraciones fuera de nosotros mismos, otras forma de ver los acontecimientos que nos alejarían de las atribuciones en muchas ocasiones negativas sobre los hechos.
Con las premisas únicas se ciega la posibilidad de generar nuevas conversaciones que permitan, no solo identificar realmente si lo que se ve tan claro es la causa real de las situaciones, sino que además y en función de la información que de esta nueva conversación se derivara, podríamos influir positivamente en algún cambio de comportamiento.
Los enemigos no existen, solo existen los malentendidos mal encauzados. Por eso cuando malinterpreto me causo un daño innecesario que se resolvería preguntando ¿es así como lo he interpretado?

Y dejo encima de la mesa para pensar y a quien pueda malinterpretar lo que oye, lo que lee, lo que piensa, lo que le dicen… que se siente y  pregunte.
Mila Guerrero
Visitar el Blog de Mila aquí



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Publicado el miércoles, 28 de enero de 2015 a las 13:42 por Juan Bueno

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lunes, 26 de enero de 2015

 
El arte de formar y emocionar a través de las historias.
 



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Publicado el lunes, 26 de enero de 2015 a las 8:54 por Juan Bueno

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